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Mahler habla en primera persona: fotos, textos y música como autorretrato

Los monólogos de Mahler

Sin imágenes en movimiento ni grabaciones de su voz, Gustav Mahler cobra vida a través de Gijs Scholten y de su música en un documental que esboza al hombre que lucha con la vida y consigo mismo.

En el programaNo tenemos imágenes en movimiento de Gustav Mahler ni grabaciones de su voz, pero sí fotos, textos y música. Se han reunido para formar un todo en Los monólogos de Mahler. No se trata de una aproximación histórica ni cronológica, sino de una fórmula a través de la cual nos habla el propio Mahler
Los monólogos de Mahler · photo 1
Los monólogos de Mahler

Sin imágenes ni voz, Mahler habla a través de su obra

Una imagen de la persona de Gustav Mahler, que lucha con la vida y consigo mismo, en una novedosa perspectiva en la que el autor cobra vida a través de Gijs Scholten. No tenemos imágenes en movimiento de Gustav Mahler ni grabaciones de su voz, pero sí fotos, textos y música. Se han reunido para formar un todo en Los monólogos de Mahler. No se trata de una aproximación histórica ni cronológica, sino de una fórmula a través de la cual nos habla el propio Mahler.

Los monólogos Mahler esbozan una imagen de la persona de Gustav Mahler, que lucha con la vida y consigo mismo, pero que también puede ser alegre, cariñoso y malhumorado: en resumen, como suena en su música. Él es su música, en la que también nosotros percibimos un reflejo y, por tanto, un reconocimiento de nosotros mismos.

Gijs Scholten, el Concertgebouw y las grandes batutas

Contando con Gijs Scholten en el papel del compositor austríaco, aparecen en el documental varios fragmentos de música, especialmente orquestal, que es interpretada por la Royal Concertgebouw Orchestra, bajo la dirección de grandes batutas: Daniel Harding (n.º 1), Mariss Jansons (n.º 3 y 8), Iván Fischer (n.º 4), Daniele Gatti (n.º 5), Pierre Boulez (n.º 7) y Eliahu Inbal (n.º 10). Para los Kindertotenlieder, se hace uso de grabaciones del legendario Dietrich Fischer-Diskau junto a la Filarmónica de Berlín y Rudolf Kempe. El propio barítono interpreta «Liebst du um Schönheit», con otra leyenda, Daniel Barenboim, al piano.

Un sinfonista que anunció las contradicciones del siglo XX

Compositor y director de orquesta austriaco, Gustav Mahler (1860-1911) manifestó en cierta ocasión que su música no sería apreciada hasta cincuenta años después de su muerte. No le faltaba razón: valorado en su tiempo más como director de orquesta que como compositor, hoy es considerado uno de los más grandes y originales sinfonistas que ha dado la historia; más aún, uno de los músicos que anuncian y presagian en su obra de manera más lúcida y consecuente todas las contradicciones que definirán el desarrollo del arte musical a lo largo del siglo XX.

Aunque como intérprete fue un director que sobresalió en el terreno operístico, como creador centró todos sus esfuerzos en la forma sinfónica y en el lied. Él mismo advertía que componer una sinfonía era «construir un mundo con todos los medios posibles», por lo que sus trabajos se caracterizaban por una manifiesta heterogeneidad, por introducir elementos de distinta procedencia –apuntes de melodías populares, marchas y fanfarrias militares…– en un marco formal heredado de la tradición clásica vienesa.

Hostilidad, nazismo y una revalorización tardía

Esta mezcla, con las dilatadas proporciones y la gran duración de sus sinfonías y el empleo de una armonía disonante que iba más allá del cromatismo utilizado por Richard Wagner en su Tristán e Isolda, contribuyeron a generar una corriente de hostilidad general hacia su música, a pesar del decidido apoyo de una minoría entusiasta, entre ella los miembros de la Segunda Escuela de Viena, de los que Mahler puede considerarse el más directo precursor.

Su revalorización, al igual que la de su admirado Anton Bruckner, fue lenta y se vio retrasada por el advenimiento al poder del nazismo en Alemania y Austria: por su doble condición de compositor judío y moderno, la ejecución de la música de Mahler fue terminantemente prohibida. Sólo al final de la Segunda Guerra Mundial sus sinfonías empezaron a hacerse un hueco en el repertorio.

De los teatros de provincias a la Ópera de Viena y Nueva York

Formado en el Conservatorio de Viena, la carrera de Mahler como director de orquesta se inició al frente de pequeños teatros de provincias como Liubliana, Olomouc y Kassel. En 1886 fue asistente del prestigioso Arthur Nikisch en Leipzig, en 1888 fue director de la Ópera de Budapest y en 1891 de la de Hamburgo, puestos en los que tuvo la oportunidad de ir perfilando su personal técnica en la dirección.

Una oportunidad única le llegó en 1897, cuando le fue ofrecida la dirección de la Ópera de Viena, con la única condición de que apostatara de su judaísmo y abrazara la fe católica. Así lo hizo, y durante diez años estuvo al frente del teatro; diez años ricos en experiencias artísticas en los que mejoró el nivel artístico de la compañía y dio a conocer nuevas obras. Sin embargo, el diagnóstico de una afección cardíaca y la muerte de una de sus hijas lo impulsaron en 1907 a dimitir de su cargo y aceptar la titularidad del Metropolitan Opera House y de la Sociedad Filarmónica de Nueva York, ciudad en la que se estableció hasta 1911, cuando, ya enfermo, regresó a Viena.

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