Inicio / Obras y artistas
SalaFoto: GNUtoo · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons
El canal internacional de la música clásica, en 4K Ultra HD y sonido espacial, disponible a través de su operador en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Uruguay. Deje su correo y reciba cada mes los Destacados y los estrenos. ¿Vive en México, España, Centroamérica u otro país aún sin cobertura? Le avisaremos personalmente en cuanto Allegro Spatial llegue a donde vive.
Un solo correo al mes, nada más.
El dominio de Versalles guarda dos joyas teatrales de naturaleza opuesta y hermanada: la Ópera Real, fastuosa sala de gala del palacio, y el Teatro de la Reina, escondido en los jardines del Pequeño Trianón, íntimo hasta el secreto. Entre ambos cabe todo el siglo XVIII.
La Ópera Real se inauguró el 16 de mayo de 1770, la noche de las bodas del delfín, futuro Luis XVI, con la archiduquesa María Antonieta. Obra maestra del arquitecto Ange-Jacques Gabriel, culminaba un sueño acariciado desde tiempos de Luis XIV: dotar a Versalles de una gran sala de espectáculos. El resultado deslumbró entonces y sigue deslumbrando: un óvalo perfecto donde el oro, el azul y el mármol fingido componen una lección de armonía.
Su secreto es la madera: la sala entera es obra de carpinteros, casi el interior de un instrumento, y de ahí su acústica cálida y cercana. Máquina versátil, podía convertirse en salón de baile elevando el suelo de la platea a la altura del escenario. Restaurada con esmero, acoge hoy óperas y conciertos que devuelven a Versalles su condición de capital musical.
En un rincón de los jardines del Pequeño Trianón, María Antonieta se hizo construir por Richard Mique un teatro a su medida, inaugurado en 1780: una bombonera azul y oro donde casi todo es ilusión, madera y cartón piedra dorados que fingen mármoles y bronces. Allí la reina actuaba ella misma ante un puñado de íntimos, lejos de la etiqueta aplastante de la corte.
Ese teatro de bolsillo, milagrosamente conservado con su maquinaria original, es hoy uno de los lugares más conmovedores de Versalles: un secreto que se visita en voz baja. Que en su escenario se haya grabado I Cinesi de Gluck, el compositor protegido por la propia María Antonieta, tiene justicia poética: la música vuelve exactamente adonde la reina la quiso.
En Allegro Spatial, I Cinesi de Gluck, grabada en el Teatro de la Reina, abre las puertas de los teatros secretos de Versalles.