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El murciélago de Strauss: la obra maestra de la opereta vienesa

El murciélago (Die Fledermaus) es una opereta de Johann Strauss hijo, el rey del vals, estrenada el 5 de abril de 1874 en el Theater an der Wien de Viena, con libreto de Karl Haffner y Richard Genée. Es una comedia de disfraces en torno a una venganza amable: la del doctor Falke, a quien años atrás dejaron dormido en plena calle con un disfraz de murciélago. De ahí el título, y de ahí toda la intriga.

El argumento, acto por acto

Primer acto: Gabriel von Eisenstein debe pasar unos días en prisión por una ofensa menor. Su amigo Falke lo convence de retrasar el ingreso una noche para asistir a la fiesta del príncipe Orlofsky. La camarera Adele se escapa también, con un vestido prestado de su patrona Rosalinde, y el director de la cárcel se lleva por error a Alfred, un antiguo admirador de Rosalinde.

Segundo acto: en la fiesta, todos aparecen disfrazados. Eisenstein corteja sin saberlo a su propia esposa, que se hace pasar por una condesa húngara y le quita el reloj como prueba. El champán corre y nadie es quien dice ser.

Tercer acto: al amanecer, todos coinciden en la prisión. Los enredos salen a la luz, Falke revela que todo fue su venganza planeada, y el conjunto final decide echarle la culpa de todo al champán.

El origen y el contexto vienés

El libreto proviene de un vodevil francés, Le Réveillon, de Meilhac y Halévy, basado a su vez en una comedia alemana de Roderich Benedix. Strauss, ya famoso en el mundo entero por sus valses, compuso la partitura con rapidez y encontró en ella su obra escénica más lograda.

La opereta se estrenó en 1874, poco después de la crisis bursátil que golpeó a Viena en 1873. Su retrato de una sociedad que baila y brinda mientras finge que nada pasa tenía, ya entonces, un fondo de ironía que el público reconoció de inmediato.

La música

La obertura, construida con los temas principales de la obra, es una pieza de concierto por derecho propio. En el segundo acto brillan la csárdás de Rosalinde, un homenaje a la música húngara, y los couplets de Adele, un ejemplo de comedia vocal.

El famoso brindis Im Feuerstrom der Reben y el coro Brüderlein und Schwesterlein muestran el otro talento de Strauss: convertir el vals y la polca en teatro. Toda la partitura respira ligereza calculada, con una orquestación limpia y melodías que se recuerdan a la primera escucha.

Por qué verla

El murciélago es la opereta que los grandes teatros de ópera programan sin complejos, empezando por la Ópera de Viena, donde verla el 31 de diciembre es una tradición. Su humor sigue funcionando porque se ríe de defectos permanentes: la vanidad, la mentira piadosa, el placer de la fiesta.

Para quien se inicia en el género lírico, es un comienzo ideal: dura lo que una comedia, se entiende sin esfuerzo y contiene algunas de las melodías más contagiosas del repertorio.

La opereta y el vals vienés forman parte del paisaje habitual de la programación de Allegro Spatial.

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