Maria Callas debuta en la Ópera de París con arias de Norma, Il trovatore, Il barbiere di Siviglia y Tosca, acompañada por Albert Lance, Tito Gobbi y Jacques Mars bajo la batuta de Georges Sébastien.

El debut parisino de una voz legendaria
Una de las voces más legendarias en la historia de la lírica, revivida con la calidad merecida en su inolvidable concierto de debut en la capital parisina. Maria Callas debutó en París en 1958. Ante el magnífico telón de fondo de la Ópera de París –actual Palais Garnier–, brilló con arias de Norma de Vincenzo Bellini (1801-1835), Il trovatore de Giuseppe Verdi (1813-1901), Il barbiere di Seviglia de Gioachino Rossini (1792-1868) y Tosca de Giacomo Puccini (1858-1924). Una actuación espectacular en la ciudad que se convirtió en su hogar hasta su muerte en 1977.
La acompañan en algunos momentos las voces masculinas del tenor Albert Lance, el barítono Tiro Gobbi y el bajo Jacques Mars. Georges Sébastien dirige al Coro y Orquesta de la Ópera Nacional de París. Es un concierto que ha pasado ya a los anales de la historia de la lírica del siglo XX, protagonizado por una de las voces más legendarias del canto operístico de todos los tiempos, que durante décadas logró asombrar a propios y extraños en cualquiera de los escenarios a los que se subió a lo largo de su carrera.
Maria Anna Sofia Cecilia Kalogeropoulos: el mito y sus raíces en Atenas
Maria Anna Sofia Cecilia Kalogeropoulos (1923-1977) fue una soprano estadounidense de origen griego convertida en un mito que sobrepasa con mucho el estrecho círculo de los amantes de la ópera. A ello han contribuido su portentosa voz, capaz de los matices y colores más insospechados, así como su personal forma de abordar la interpretación de los personajes en escena. Verista, sensual y moderno, su estilo revolucionó los usos y costumbres de las grandes divas de su época. También ayudaron a la gestación del mito su desdichada vida privada y su prematura muerte.
Hija de un emigrante griego, Maria Callas regresó con su familia a Atenas cuando contaba trece años. Poco después ingresó en el Conservatorio de la capital helena, donde tuvo como profesora de canto a Elvira de Hidalgo. Su formación fue lenta y nada había en ella que permitiera presagiar a la futura diva. Miembro de la compañía de la Ópera de Atenas desde 1940 hasta 1945, tuvo oportunidad de familiarizarse con los grandes papeles y ganar experiencia escénica. El estreno de la ópera de Manolis Kalomiris, El contramaestre, uno de los pocos títulos del repertorio contemporáneo que abordó en su carrera, y los papeles titulares de Suor Angelica y Tosca de Puccini, y de Leonora en el Fidelio de Beethoven, fueron algunos de sus roles en esta primera época.
Italia y la consagración: de la Arena de Verona a Norma
Tras rechazar un contrato en el Metropolitan Opera House de Nueva York, se fue a Italia para debutar en la Arena de Verona en 1947, con La Gioconda de Amilcare Ponchielli. El éxito que obtuvo en esas representaciones atrajo sobre ella la atención de otros prestigiosos teatros italianos. Su carrera estaba desde entonces lanzada: protegida por el eminente director de orquesta Tullio Serafin, cantó Turandot de Giacomo Puccini, Aida y La forza del destino de Giuseppe Verdi, e incluso Tristán e Isolda de Richard Wagner. Su personificación de la protagonista de la Norma de Vincenzo Bellini en Florencia, en 1948, acabó de consagrarla como la gran soprano de su generación y una de las mayores del siglo.
Los años cincuenta: triunfos y obras olvidadas recuperadas
La década de 1950 fue la de sus extraordinarios triunfos: en absoluta plenitud de sus medios vocales, protagonizó veladas inolvidables, muchas de ellas conservadas en documentos fonográficos de inestimable valor, en las que encarnó los grandes papeles del repertorio italiano belcantista y romántico para soprano. Además, inició la recuperación de algunas obras olvidadas de autores como Luigi Cherubini (Medea), Christoph Willibald Gluck (Ifigenia en Tauride), Gioachino Rossini (Armida) o Gaetano Donizetti (Poliuto).
Visconti, el retiro de 1965 y la gira con Di Stefano
En esos años, el director de cine y teatro Luchino Visconti firmó para ella algunos de sus montajes más importantes, como La traviata (1955) o Anna Bolena (1957). Su carrera perdió fuerza en la década de 1960 y en 1965 anunció que se retiraba de los escenarios a consecuencia de su frágil salud. No obstante, no abandonó el canto, y así, en 1974 realizó junto al tenor Giuseppe Di Stefano una gira de conciertos por Europa, Estados Unidos y el Lejano Oriente.


