Hervé Niquet y Marshall Pynkoski recuperan en Versalles La Caravane du Caire, ópera-ballet de Grétry con aires de music-hall oriental, donde un valiente francés intenta liberar a su amada en las arenas de Egipto.

Un himno a Francia en las arenas de Egipto
Una ópera redescubierta, desde la magnífica ópera versallesca y en una producción con todo lujo de detalles, que pone en liza a este excelente compositor del XVIII. ¡Una obra maestra resucitada! La Caravane du Caire (La caravana de El Cairo) triunfó cuando se presentó en 1783, y siguió resonando en las filas del ejército napoleónico con el estribillo «¡La Victoire est à nous!». La colorista obra de André-Ernest-Modeste Grétry (1741-1813), de tintes patrióticos, es un verdadero himno a Francia: en las arenas de Egipto, el «valiente francés» Saint-Phar intenta liberar a su amada Zélime del traficante de esclavos que va a venderla al Osman Pacha.
Un music-hall oriental firmado por Pynkoski y Niquet
La deslumbrante música de Grétry no deja de sumar puntos en este espectáculo de gran estilo francés, con tintes italianos. Las situaciones caprichosas y los ballets muestran un reparto brillante, una verdadera galería de personajes envueltos en un music-hall de inspiración oriental por el dúo conformado por Marshall Pynkoski en la dirección de escena y Hervé Niquet en la musical, al frente de la orquesta y coro de Le Concert Spirituel.
Solistas, bailarines y equipo escénico de la producción
Los solistas vocales son: Hélène Guilmette, Jean-Gabriel Saint-Martin, Marie Perbost, Pierre Derhet, Enguerrand de Hys, Robert Gleadow, Lili Aymonino, Chantal Santon Jeffery, Lucie Edel, Benoît Descamps y Samuel Guibal. Se cuenta, además, con el Ballet de la Ópera Real de Versalles, con los siguientes bailarines: Emma Brest, Malory Delenclos, Vincent Gerbet, Margritte Gouin, Ludovick Le Floc’h, Laurine Ristroph, Edward Tracz y Dominic Who. Antoine Fontaine se encarga de la escenografía, con Camille Assaf en el vestuario, Hervé Gary en el diseño de iluminación y la coreografía de Jeannette Lajeunesse Zingg.
Una ópera-ballet de eficacia teatral sobre libreto de Morel de Chédeville
La Caravane du Caire es una ópera-ballet en tres actos compuesta por el belga André-Ernest-Modeste Grétry y basada en un libreto firmado por Étienne Morel de Chédeville. A pesar de algunas inverosimilitudes de las que le acusan los especialistas, el libreto demuestra una verdadera eficacia teatral, y en este sentido puede considerarse como la mejor obra del dramaturgo francés. En el prefacio del libreto se subraya con razón el sentido y la importancia de la acción, «a la vez interesante y desenfadada, y realzada por trajes y modales pintorescos». Y con razón: Grétry situaba el sentido del espectáculo, la necesidad de movimiento y de variedad en el centro de su concepción dramatúrgica.
Grétry entre Piccinni y Gluck: la ópera cómica a la francesa
Musicalmente, en cambio, el compositor belga hizo gala de cierta neutralidad con respecto a la querella de la época entre la música italiana, encarnada por Piccinni, y la música alemana, dominada por Gluck, lo que le permitió labrarse un lugar muy especial en la Francia de los albores de la Revolución. Además, su innegable talento innato – «compone por instinto», escribió Jean-Benjamin de La Borde en su Essai sur la musique ancienne et moderne– le permitió dominar con destreza este nuevo género de la ópera cómica «a la francesa» y convertirse en su más glorioso exponente.
La Caravane du Caire aportó un soplo de aire fresco a una tradición operística que empezaba a cansarse de los tormentos de una tragedia-lírica que se negaba a abandonar el escenario. Sin embargo, el acercamiento de un compositor a la comedia podía resultar arriesgado para su reputación. Grétry no sólo aceptó el reto, sino que transformó el género y lo enriqueció en profundidad.
En el contexto del teatro lírico galo, las óperas de Grétry seducían de una forma admirable: sorprendentes por su novedosa firma compositiva, la cual combinaba innovación y experimentación dramática y musical, se inspiraban también en la filosofía de Rousseau, lo que les confería una relativa sencillez en los acontecimientos representados y una naturalidad en las situaciones evocadas, reflejo de las ideas de los Enciclopedistas. Otra de sus aportaciones originales fue combinar diferentes géneros y utilizar varias disciplinas artísticas en sus óperas, siendo para él la diversidad el núcleo del espectáculo teatral: «Dos géneros […] en oposición se prestan mutuamente a sus encantos», decía. Así, la comedia se mezcla con el drama y la danza con la aventura.


