Evgeny Kissin, el pianista que fue niño prodigio y se convirtió en leyenda, despliega un recital monumental: Beethoven, Chopin, Brahms y Prokofiev. Autoridad soberana, sonido de oro y esa intensidad que hace de cada una de sus apariciones un acontecimiento mundial.
Del último Beethoven a la ironía acerada de Prokofiev, el programa es un examen de toda la historia del piano, el tipo de recital-maratón que solo Kissin se permite. Cada bis del ruso es esperado como un acontecimiento: sus conciertos terminan habitualmente con media hora de propinas. Niño prodigio que debutó con los dos conciertos de Chopin a los doce años en Moscú, Kissin conserva intacta esa mezcla de inocencia y autoridad que desarma a la crítica desde 1984.


