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Compositor

Giacomo Puccini, el teatro de las pasiones

Dominio público / Domaine public · Wikimedia Commons

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Nació en Lucca en 1858, en una dinastía de músicos de iglesia, y murió en Bruselas en 1924 dejando inconclusa su ópera más ambiciosa. Nadie ha sabido como Puccini medir el pulso del teatro: sus melodías se reconocen a los dos compases y se recuerdan toda la vida.

Del órgano de Lucca a los escenarios del mundo

La leyenda cuenta que todo empezó una noche de 1876, cuando el joven Giacomo caminó hasta Pisa para escuchar Aida y volvió decidido a ser compositor de ópera. Fuera exacta o no la caminata, la vocación fue fulminante. En 1893, Manon Lescaut lo consagró en Turín de la noche a la mañana: en aquella heroína frágil y ardiente ya estaba entero el Puccini que haría llorar a los teatros del mundo.

Vino después la trilogía inmortal, Bohème, Tosca, Butterfly, y con ella una manera nueva de hacer ópera: acción rápida, orquesta de refinamiento casi impresionista y personajes que aman a la intemperie. Puccini elegía sus argumentos con olfato infalible y los reescribía sin piedad, agotando a sus libretistas. Sabía exactamente cuándo el público contendría el aliento, y jamás desperdició ese instante.

La princesa de hielo y la ópera interrumpida

Turandot fue su apuesta final y la más audaz: una fábula china de acertijos y sangre, con coros de esplendor bárbaro y una princesa que castiga con la muerte a quien la pretende. Puccini murió en 1924 sin haber resuelto el enigma del dúo final, y Franco Alfano completó la partitura con los apuntes que dejó. En el estreno de 1926, en La Scala, Toscanini detuvo la función donde la pluma del maestro se había detenido.

Junto a ese monumento conviene redescubrir La Rondine, estrenada en Montecarlo en 1917: una comedia lírica agridulce, atravesada de valses, donde la melancolía se disfraza de fiesta. Entre la golondrina que renuncia al amor y la princesa que se rinde a él, Puccini dibujó dos caras de una misma verdad: en su teatro, quien ama de veras lo arriesga todo.

En Allegro Spatial, Turandot, La Rondine y Manon Lescaut componen un tríptico pucciniano que recorre toda la carrera del maestro de Lucca.

Puccini en Allegro Spatial

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