Dominio público / Domaine public · Wikimedia Commons
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Fue el último gran romántico y lo sabía. Nacido en Rusia en 1873, muerto en Beverly Hills en 1943, Rachmáninov atravesó revoluciones y exilios sin renunciar jamás a la melodía larga, esa que se despliega como un río y deja al oyente con el corazón en la orilla.
El estreno desastroso de su Primera sinfonía, en 1897, lo hundió en una depresión que le cerró la pluma durante tres años. Lo rescató un médico, Nikolái Dahl, que lo trató con sesiones de hipnosis y una consigna repetida: escribirá usted un concierto, y será excelente. El Segundo concierto para piano, estrenado en 1901 y dedicado al doctor, le dio la razón de manera abrumadora y devolvió al compositor a la vida.
En 1917, la revolución lo empujó fuera de Rusia para siempre. Se reinventó como uno de los pianistas más formidables de su siglo, con esas manos legendarias capaces de abarcar acordes imposibles, y compuso desde entonces con cuentagotas: lejos de su tierra, decía, había perdido el deseo de componer. Cada obra del exilio suena por eso a lo que es, una carta de amor a un país que ya solo existía en su memoria.
De sus cuatro conciertos para piano, el Cuarto fue siempre el más esquivo. Estrenado en Filadelfia en 1927, recibido con frialdad, revisado una y otra vez hasta 1941, es la obra donde el romántico dialoga con el siglo nuevo: armonías más ácidas, ritmos que miran al jazz, una inquietud que ya no se resuelve en efusión. El público tardó décadas en escucharlo sin pedirle que fuera el Segundo.
Hoy lo defienden los pianistas más curiosos, y pocos con la autoridad de Mikhail Pletnev, que encuentra en sus pliegues una poesía quebradiza, casi confesional. Escuchado sin prejuicios, el Cuarto revela al Rachmáninov más moderno y vulnerable: el hombre que, instalado entre dos mundos y dos épocas, convirtió esa incomodidad en música de una elegancia herida.
En Allegro Spatial, Mikhail Pletnev defiende el Concierto para piano n.º 4 de Rachmáninov, cabeza de cartel entre los conciertos del compositor en nuestra programación.