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Intérprete

Teodor Currentzis, el rito y el riesgo

Foto: Amoorphotographer · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

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Griego de nacimiento, ruso de formación, Teodor Currentzis es el director más discutido y magnético de su generación. Para sus fieles, un visionario que devuelve a la música su dimensión de rito; para sus críticos, un provocador. Nadie, en cambio, lo encuentra indiferente.

Una orquesta fundada como una orden

Nacido en Atenas en 1972, Currentzis estudió dirección en San Petersburgo con el legendario Ilya Musin. Su gesto fundacional llegó lejos de las capitales: en Siberia primero y luego en Perm, a las puertas de los Urales, reunió a MusicAeterna, un conjunto de músicos dispuestos a vivir para la música con una entrega casi monástica: ensayos sin reloj, trabajo de detalle obsesivo, disciplina de comunidad utópica.

De aquel laboratorio remoto salieron interpretaciones que sacudieron al público europeo y conquistaron los festivales más exigentes: un Mozart de aristas eléctricas, un Rameau bailado como música de hoy, estrenos contemporáneos defendidos con fervor de causa. Currentzis demostró dos cosas que parecían imposibles: que el centro musical del mundo puede estar donde alguien decida ponerlo, y que una orquesta suena distinta cuando toca no por oficio sino por convicción.

El concierto como experiencia límite

Verlo dirigir es asistir a una ceremonia: vestido de negro, sin podio a veces, Currentzis moldea el sonido con el cuerpo entero y busca extremos dinámicos que van del susurro apenas audible al estallido físico. Sus lecturas de Mahler, Chaikovski o Shostakóvich dividen a la crítica y llenan las salas: hay quien sale indignado y quien sale transformado, a menudo del mismo concierto.

Esa radicalidad tiene un fundamento serio: horas de ensayo que ninguna orquesta convencional puede permitirse, un estudio minucioso de las fuentes y la convicción de que el concierto debe ser una experiencia irrepetible o no ser nada. En tiempos de interpretaciones intercambiables, Currentzis apuesta por el riesgo absoluto. El resultado, se comparta o no, es siempre un acontecimiento.

En Allegro Spatial, los conciertos de Teodor Currentzis convierten cada cita de la programación en un rito de intensidad extrema.

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