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Intérprete

Martha Argerich, la leona del teclado

Foto: Casa Rosada (Presidencia de la Nación Argentina) · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons

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Martha Argerich, nacida en Buenos Aires en 1941, es desde hace décadas la pianista más electrizante del planeta y también la más esquiva: huye de las entrevistas, abandonó el recital en solitario y convierte cada aparición en acontecimiento. Esta página recorre su leyenda, del Concurso Chopin de 1965 a los festivales que hoy llevan su nombre, y se detiene en la mirada más cercana que existe sobre ella: la de su hija Stéphanie, cámara en mano.

El huracán de Buenos Aires

Niña prodigio porteña, discípula del exigente Vincenzo Scaramuzza, Martha Argerich deslumbró a Europa siendo adolescente y en 1965 arrasó en el Concurso Chopin de Varsovia, donde su Polonesa heroica desató el delirio. Desde entonces, cada aparición suya es un acontecimiento: nadie toca con esa combinación de instinto felino, velocidad de vértigo y una musicalidad que parece inventarse en el instante.

Alérgica a las entrevistas y a los recitales en solitario, que abandonó hace décadas en favor de la música compartida, Argerich ha construido una carrera a contracorriente de todas las estrategias: cancela, cambia, improvisa, y el público la adora precisamente por esa libertad indomable. En un mundo de carreras calculadas, ella sigue tocando como se respira, por pura necesidad.

Una hija detrás de la cámara

Stéphanie Argerich, la menor de sus tres hijas, creció entre bambalinas, hoteles y pianos de cola, y de esa infancia nómada hizo una película: Bloody Daughter, estrenada en 2012, un retrato filmado a lo largo de años con la complicidad y la insolencia que solo una hija puede permitirse. La cámara entra donde ningún periodista entró jamás: la cocina, el camerino, las conversaciones a medias.

El resultado es un documento único sobre el precio y el privilegio de vivir junto al genio: Martha aparece sin pedestal, divertida, contradictoria, tierna y huidiza, mientras Stéphanie interroga con dulzura los silencios de la familia, incluida la figura del padre, el pianista Stephen Kovacevich. Pocas películas musicales dicen tanto sobre lo que la música da y lo que exige a cambio.

En Allegro Spatial, Bloody Daughter, el documental de Stéphanie Argerich, abre la puerta de la casa de Martha.

Martha Argerich en Allegro Spatial

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