Manon Lescaut es una ópera en cuatro actos de Giacomo Puccini, estrenada en 1893 en el Teatro Regio de Turín. Basada en la novela del abate Prévost, sigue a Manon, una joven dividida entre el amor del estudiante Des Grieux y el lujo que le ofrece el viejo Geronte, desde su encuentro en Amiens hasta su muerte en el destierro americano. Fue el primer gran éxito de Puccini y el título que definió su estilo.
Acto I. En Amiens, el estudiante Des Grieux ve bajar de una diligencia a Manon, a quien su familia destina al convento. Se enamora de inmediato, como canta en "Donna non vidi mai". Al enterarse de que el rico recaudador Geronte planea raptarla, se adelanta y huye con ella a París.
Acto II. Manon dejó a Des Grieux por el lujo: vive como amante de Geronte, entre peluqueros, músicos y maestros de baile, pero se aburre, como confiesa en "In quelle trine morbide". Des Grieux la reencuentra y la pasión renace. Sorprendidos por Geronte, demoran la huida porque Manon quiere llevarse sus joyas: la arrestan acusada de robo y de mala vida.
Acto III. Un intermezzo orquestal conduce al puerto de El Havre. Manon será deportada a América con otras condenadas. Fracasado el intento de liberarla, Des Grieux suplica al capitán del barco que lo deje embarcar y obtiene un lugar a bordo.
Acto IV. En una llanura desierta cerca de Nueva Orleans, Manon avanza agotada junto a Des Grieux. Mientras él busca agua en vano, ella canta su desolación en "Sola, perduta, abbandonata" y muere en sus brazos.
El tema ya había inspirado una ópera famosa de Massenet, estrenada en 1884, pero Puccini insistió: sentía la historia como propia y confiaba en tratarla con pasión italiana. El libreto pasó por muchas manos, entre ellas las de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, futuros colaboradores de La bohème. El estreno, el 1 de febrero de 1893 en el Teatro Regio de Turín, fue un triunfo que instaló a Puccini, a ojos del público y de la crítica, como el heredero de Verdi.
La partitura tiene un impulso juvenil que Puccini nunca repitió igual. Des Grieux concentra ese ardor en "Donna non vidi mai" y en el gran dúo del segundo acto. El intermezzo entre los actos II y III, página puramente orquestal, resume el viaje hacia El Havre y se toca a menudo en concierto. "Sola, perduta, abbandonata" cierra la obra con un lamento desnudo, sostenido casi solo por la voz.
Manon Lescaut permite ver nacer al Puccini de los grandes títulos: el gusto por heroínas frágiles, la orquesta que narra, la emoción directa. Se representa menos que La bohème o Tosca, y por eso mismo reserva descubrimientos a quien se acerca a ella.
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