La coreógrafa Donya Feuer y el cineasta Ingmar Bergman encierran a cuatro bailarinas en una habitación y dejan que sus rostros, manos y miradas cuenten, sin palabras y con música de Monteverdi, una lucha entre generaciones.

Feuer y Bergman, una unión legendaria entre danza y cine
Una de las uniones legendarias entre la coreógrafa estadounidense y el director de cine sueco, en un espectáculo coreográfico con música de Claudio Monteverdi. La danza de las condenadas es un ballet con coreografía de Donya Feuer, bailarina, coreógrafa y pionera de la danza moderna estadounidense, que cuenta nada menos que con la dirección cinematográfica del legendario realizador sueco Ingmar Bergman. Sobre música del magnífico Claudio Monteverdi (1567-1643), interpretada por la voz de Dorothy Dorow y el conjunto Musicae Holmia, se desarrolla esta acción de poderoso impacto estético, visual y expresivo rodado en blanco y negro.
Cuatro mujeres encerradas, cuatro papeles heredados
Este programa muestra a cuatro mujeres moviéndose en una habitación abarrotada y cerrada al son de la música de Claudio Monteverdi. Representan a mujeres que viven transmitiendo un papel que se les ha transmitido durante generaciones. Dos de las bailarinas son almas condenadas, la tercera bailarina es la muerte y la cuarta una niña nacida libre, pero obligada a desempeñar los papeles femeninos de las demás.
Nina Harte, Heléne Friberg, Lena Wennergren y Lisbeth Zachrisson son las bailarinas que protagonizan la historia. El apartado técnico-artístico cuenta también con Sven Nykvist (dirección de fotografía), Ann Terselius-Hagegård (escenografía), Maggie Strindberg (vestuario) y Cecilia Drott (maquillaje).
Una obra sin palabras que nace de La flauta mágica
Una obra sin palabras, así podría denominarse este programa concebido por Donya Feuer e Ingmar Bergman, quienes quisieron hacer una película en blanco y negro sobre cuatro mujeres en una habitación cerrada, y dejar que lo que sucede entre ellas se reflejara en sus rostros, su piel, sus manos y sus miradas. La danza de las condenadas es una composición coreográfica, ya que sólo utiliza el movimiento como medio de expresión. Por tanto, no es un ballet de forma estricta, y los cuatro papeles se ponen al servicio de la música de Monteverdi.
La obra se grabó unos meses después de su célebre visión de La flauta mágica y tiene una conexión muy clara con esa ópera. En ella hay escenas del inframundo donde las almas de los condenados son atormentadas en eterna agonía. La coreografía de esas escenas corrió a cargo precisamente de Donya Feuer y, durante el rodaje, ella e Ingmar Bergman jugaron con motivos de la ópera, a partir de lo cual se cristalizaron finalmente borradores para un cortometraje coreográfico. También trataría de los condenados, pero no de almas muertas en el infierno, sino de mujeres que han sufrido otra condena, en vida.
La habitación como mundo cerrado: poder y sumisión entre generaciones
La habitación, de paredes estrechas, en la que se mueven estas cuatro mujeres, es ese mundo cerrado de mujeres en el que se ven obligadas a vivir y el encierro en este mundo hace que también se repriman entre ellas. Las ancianas enseñan a las jóvenes a adaptarse a un modelo de vida petrificado y la concepción secular de cómo deben ser y comportarse las mujeres se impone a la generación más joven. Ellas se defienden, y la película trata de la lucha de poder entre las generaciones, pero también de la sumisión.
A la bailarina vestida de negro se la ve como una figura materna ávida de poder, que ataca a las tres hermanas, una tras otra. La más libre de todas es la niña, que se mueve completamente sola a la luz, en su propio mundo, inmersa en sus propios juegos. Pero al final también se ve arrastrada al mundo de esta mujer mayor.
Emociones antes que trama: una obra que conserva su fuerza
El círculo se completa y la asfixia es total. De todos modos, así es como Donya Feuer e Ingmar Bergman imaginaron la trama de La danza de las condenadas, a grandes rasgos. Pero eso no tiene por qué importar demasiado, sino que quizá lo más relevante sean las emociones, sentimientos y reflexiones que esta película y su elemento coreográfico despierten en los espectadores, tanto como lo hizo en su creación, allá por 1976, como lo hace en la actualidad, más de cuatro décadas después. Una de las creaciones más potentes y sugerentes de la dupla Feuer/Bergman, que sigue manteniendo su misma fuerza casi medio siglo después de su creación.


