Marc Bouchkov y Mao Fujita, dos de los talentos más puros de la nueva generación, unen violín y piano en las sonatas del gran repertorio. La complicidad juvenil y el nivel estratosférico que solo el Festival de Verbier sabe reunir.
Bouchkov, violinista belga de linaje ruso, y Fujita, poeta japonés del teclado revelado en el Concurso Tchaikovsky, pertenecen a esa generación que Verbier junta cada verano. Su ciclo de sonatas es música de cámara en estado puro: dos iguales que se escuchan, se provocan y se funden. Fujita, medalla de plata del Tchaikovsky 2019, ha sido descrito como «un poeta del piano» por la prensa europea; Bouchkov toca un violín de Stradivari cedido por mecenazgo. Juventud dorada, en el mejor sentido.


