Don Giovanni, el «drama jocoso» de Mozart y Da Ponte, sigue siendo el enigma supremo de la ópera: el seductor castigado que desafía al cielo hasta el final. Del catálogo de Leporello al terror del Comendador, una obra absoluta donde conviven la risa y el abismo.
Estrenado en Praga en 1787 con un Mozart que aún escribía la obertura la víspera, Don Giovanni fascinó a Kierkegaard, a Freud y a dos siglos de escenarios. Del catálogo de las mil y tres conquistas al descenso a los infiernos, el «dramma giocoso» sigue siendo el enigma supremo del teatro lírico.


