Kubrick construyó Barry Lyndon como un cuadro del siglo XVIII filmado a la luz de las velas, y su banda sonora hizo célebres la Sarabande de Haendel y el Trío de Schubert. El concierto reúne esas páginas junto a Vivaldi, Bach y Mozart: el cine convertido en puerta de entrada a la gran música. Medio siglo después de su estreno, la película sigue mostrando como ninguna otra cómo la gran música puede convertirse en alma de una obra maestra del cine.


