Bajo la cúpula del Panteón de París, donde reposan los grandes de Francia, resuena el Réquiem de Fauré, el más sereno de los réquiems: sin Dies irae ni terror, pura consolación. Un marco monumental para una obra de ternura infinita.
Fauré decía haber escrito su Réquiem «por placer», sin encargo ni difunto: por eso no hay Dies irae ni terror, solo el In Paradisum que asciende como una promesa. Bajo la cúpula donde reposan Hugo, Zola y Marie Curie, la obra encuentra un marco a la medida de su serenidad luminosa.


