El canal internacional de la música clásica, en 4K Ultra HD y sonido espacial, disponible a través de su operador en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Uruguay. Deje su correo y reciba cada mes los Destacados y los estrenos. ¿Vive en México, España, Centroamérica u otro país aún sin cobertura? Le avisaremos personalmente en cuanto Allegro Spatial llegue a donde vive.
Un solo correo al mes, nada más.
Nacido en Helsinki en 1996, hijo de músicos, violonchelista de formación, Klaus Mäkelä ha protagonizado el ascenso más fulgurante que se recuerda en el mundo de la dirección orquestal. Las orquestas más exigentes del planeta se lo han disputado antes de que cumpliera treinta años.
Como tantos directores finlandeses, Mäkelä se formó en la Academia Sibelius con el legendario pedagogo Jorma Panula, que enseña a sus alumnos a molestar lo menos posible: la orquesta sabe tocar, decía, el director está para escuchar y encauzar. Esa economía de gesto, clara y sin aspavientos, es la marca del joven maestro, que llegó al podio sin abandonar nunca del todo su violonchelo.
Los nombramientos se sucedieron a velocidad de vértigo: titular en Oslo, director musical de la Orchestre de Paris, y luego la doble noticia que asombró al mundo musical, su designación al frente de la Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam y de la Sinfónica de Chicago. Las orquestas explican el fenómeno de manera unánime: con él, tocan como quieren tocar.
Bruno Monsaingeon, el cineasta que retrató a Glenn Gould, Richter y Menuhin, eligió a Mäkelä como protagonista de su documental Hacia la llama, señal inequívoca de que algo excepcional está ocurriendo. La cámara lo muestra en ensayo, donde su autoridad no necesita levantar la voz, y en la intimidad del estudio, donde el análisis minucioso prepara la libertad del concierto.
Lo que revela el retrato es un músico serio sin solemnidad, ambicioso sin impaciencia, consciente de que la dirección es un arte de largo aliento. Sus interpretaciones de Sibelius, Mahler o Stravinski unen precisión analítica y un instinto dramático que las orquestas siguen con visible placer. La llama del título no es una metáfora gratuita: es exactamente lo que se enciende en sus conciertos.
En Allegro Spatial, los conciertos de Klaus Mäkelä con el Concertgebouw dialogan con Hacia la llama, el retrato que le dedica Bruno Monsaingeon.