Leonard Bernstein y Krystian Zimerman, el maestro carismático y el perfeccionista del teclado, unidos en un documento histórico. Dos visiones del arte, el corazón desbordante y el rigor absoluto, fundidas en un momento mágico de la música.
Bernstein y Zimerman grabaron juntos los conciertos de Brahms y Beethoven en los años ochenta: el maestro expansivo y el perfeccionista polaco, improbables y perfectos. El documento capta esa química, dos éticas musicales opuestas fundidas en un mismo fuego.


