Zubin Mehta dirige en Florencia una de las grandes óperas de Verdi, Il trovatore, con Amartuvshin Enkhbat, Ekaterina Semenchuck, Fabio Sartori y María José Siri en una producción de Cesare Lievi.

Il trovatore: el paradigma de la ópera romántica italiana
Una de las más grandes óperas del brillante compositor italiano, en una producción desde Florencia liderada en lo musical por el legendario Zubin Mehta. Se dice que Il trovatore, de Giuseppe Verdi (1813-1901), es una de sus obras maestras musicales: llena de emociones y melodías expresivas, es el paradigma de la ópera romántica italiana, pero también supone un formidable reto para los cantantes. Esta producción del Teatro del Maggio Musicale Fiorentino, dirigida por Zubin Mehta, cobra vida gracias al veterano director de escena Cesare Lievi, con escenografía y vestuario de Luigi Perego, además de la iluminación de Luigi Saccomandi.

Enkhbat, Semenchuck, Sartori y Siri: un reparto verdiano
El joven barítono Amartuvshin Enkhbat, en el papel del conde di Luna, es «el triunfador indiscutible de la noche». A Ekaterina Semenchuck, en el papel de Azucena («admirable desde la primera hasta la última nota»), se unen los consumados intérpretes verdianos Fabio Sartori, como el trovador protagonista Manrico, y María José Siri, en el papel de Leonora. Completan el elenco las voces de Riccardo Fassi, Caterina Meldolesi, Alfonso Zambuto, Davide Piva y Joseph Dahdah. Junto a ellos, el Coro del Maggio Musicale Fiorentino (Lorenzo Fratini, director) y la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino.

De Caruso a García Gutiérrez: los orígenes de la ópera
El gran Enrico Caruso llegó a afirmar en cierta ocasión: «para interpretar Il trovatore se necesitan los cuatro mejores cantantes del mundo». No parece una cita extremadamente real, aunque en cualquier caso da buena muestra de la complejidad técnica que requiere por parte del elenco protagonista. Se trata de una ópera en cuatro actos sobre texto en italiano de Salvatore Cammarano, que fue estrenada en el Teatro Apollo de Roma el 19 de enero de 1853. La idea de la composición sobre este tema, basado en el libreto en español de El trovador (1836), de Antonio García Gutiérrez, proviene del propio Giuseppe Verdi.
Emociones extremas y un color plúmbeo único en Verdi
En la obra, el operista italiano parece desnudar los sentimientos más crudos y extremos del hombre, precipitando a los protagonistas permanentemente a sentimientos y actitudes encontrados: amor y odio, violencia y calma, venganza y perdón, vulgaridad y refinamiento… Para algunos es probablemente su gran ópera romántica, pues en ella predomina un ambiente obscuro, un color grisáceo, plúmbeo, que no se aprecia de tal forma en ninguna de sus óperas restantes. Segunda de sus óperas de la «trilogía» –junto a Rigoletto y La traviata–, parece la más sencilla y convencional, al menos en la elección de su temática, argumento y personajes, aunque no es tan simple como parece a priori.
Una «ópera de cantantes» con una orquesta refinada
La ópera logró un éxito absolutamente descomunal, de tal manera que pasó inmediatamente a considerarse como una de las cimas de la creación verdiana y uno de los mejores ejemplos en la ópera del siglo XIX. Es una «ópera de cantantes», al menos en el sentido de que la escritura vocal es muy definida y compleja, hasta tal punto que en ella se inician algunas tipologías vocales nuevas, como la soprano lírico–spinto de coloratura para el papel de Leonora. Verdi exprime de manera brillante la técnica, la tesitura, la expresividad, la proyección y el virtuosismo vocal como nadie lo había hecho antes en el siglo. A esto hay que añadir una escritura orquestal realmente refinada, repleta de imaginación y un manejo tímbrico notable, que la convierten en una obra maestra.


