El director húngaro se pone al frente de una de las mejores orquestas del mundo, en un programa doble junto a dos brillantes solistas vocales. Orquesta: Filarmónica de Viena. El director húngaro Iván Fischer, una de las grandes figuras musicales de su país en la actualidad, se pon al frente de la Filarmónica de Viena por primera vez en un concierto de abono, presentando la poco conocida Sinfonía en do menor, Hob. I:52, repleta de todo el «Sturm und Drang» de Joseph Haydn (1732-1809). La interpreta «con gran sensibilidad, animando a la Filarmónica a tocar con transparencia y delicadeza», como comentó la crítica. Como segunda parte del programa se adentran en la célebre colección La canción de la tierra, de Gustav Mahler (1860-1911), junto a los reconocidos solistas vocales Tanja Ariane Baumgartner (mezzosoprano) y Daniel Behle (tenor). Aunque a menudo se le describe como el «padre de la sinfonía», Haydn no inventó la forma: más bien, tomó un género incipiente que ya se estaba desarrollando a mediados del siglo XVIII a partir de diversas formas de preludio orquestal: tanto la obertura operística como la sinfonía –que solía preceder a un oratorio– fueron, en igual medida, antecesoras del primer movimiento y del finale de una sinfonía típica dieciochesca. Estos antecedentes explican de forma más plausible las cualidades dramáticas de lo que a menudo se ha denominado las sinfonías «Sturm und Drang» (tormenta e ímpetu) de Haydn, una etiqueta engañosa, ya que Haydn compuso esas obras en modo menor mucho antes de que comenzara el movimiento literario conocido con ese sobrenombre.
La Sinfonía n.º 52, compuesta a principios de la década de 1770, ha sido identificada como la última de las sinfonías de Haydn en ese estilo dramático, y fue descrita como la «abuela» de la dramática Quinta Sinfonía de Beethoven (ambas en do menor). «He pasado por tantas experiencias durante el último año y medio», escribió Gustav Mahler en 1909 a Bruno Walter, que dirigiría el estreno póstumo de La canción de la tierra (Das Lied von der Erde) en 1911, «que apenas puedo hablar de ellas. ¿Cómo describir una crisis tan colosal? Sin embargo, estoy más sediento que nunca de por vida y encuentro el ‘hábito de vivir’ más dulce que nunca». Estos sentimientos se reflejan en los antiguos poemas chinos, en las paráfrasis alemanas de Hans Bethge (publicadas en 1907 como Die chinesische Flöte (La flauta china), que fueron elegidas para este ciclo de Lieder (canciones). Mahler llamó a Das Lied von der Erde «una Sinfonía para tenor, contralto (o barítono) y orquesta», sin asignarle un número; creía firmemente que no se debía permitir que nadie superara el total de nueve de Beethoven, y que al desafiar al destino estaría acelerando su propio fin, como hizo Anton Bruckner con su Novena inacabada. I:52; Gustav Mahler: La canción de la tierra. Tanja Ariane Baumgartner, Daniel Behle, Filarmónica de Viena | Iván Fischer. Konzerthaus, Viena. 2025.