La sinfónica vienesa celebra 125 años de historia con un concierto al que se suman grandes solistas y el director checo, con un imponente programa.
La Orquesta Sinfónica de Viena celebra su aniversario en el Musikverein de Viena, el mismo lugar donde ofreció su concierto inaugural hace nada menos que ciento veinticinco años. El concierto rememora el primer programa de la orquesta en 1900 con la raramente interpretada Obertura Fausto en re menor, WWV 59 de Richard Wagner (1813-1883). Asimismo, celebra dos estrenos emblemáticos: en las Siete canciones tempranas de Alban Berg (1885-1935), «la orquesta brindó a la soprano Hanna-Elisabeth Müller un paisaje sonoro evocador de una pintura Art Nouveau»; y la interpretación de Anna Vinnitskaya del Concierto para piano en re mayor (para la mano izquierda) de Maurice Ravel (1875-1937) resultó «cautivadora y llena de energía». La velada concluye con la Sinfonía n.º 41 en do mayor, «Júpiter», KV 551 de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), interpretada la extraordinaria cifra de 282 veces a lo largo de los 125 años de historia de la orquesta.
Según la leyenda recogida en su autobiografía Mein Leben, Richard Wagner compuso la Obertura Fausto bajo la abrumadora influencia de la Novena Sinfonía de Beethoven. No obstante, la afirmación de Wagner sobre esa influencia presenta ciertos problemas cronológicos. Si bien el compositor se encontraba en París durante el invierno de 1839-1840, cuando François-Antoine Habeneck dirigió a la orquesta de la Société des Concerts du Conservatoire en una Novena Sinfonía el 8 de marzo de 1840, el propio Wagner relata que escuchó por primera vez los tres primeros movimientos de la Novena en un ensayo, y no durante el concierto. Wagner compuso su Obertura Fausto entre diciembre de 1839 y enero de 1840; por lo tanto, para que la obra de Beethoven hubiera podido inspirar su propia composición, habría tenido que escucharla en un ensayo previo a esas fechas. Entre 1929 y 1931, Ravel, a pesar de su salud quebrantada, trabajó febrilmente, con una imaginación tan poderosa como siempre. Entre las obras completadas durante este período se encuentran sus dos conciertos para piano: esta extraordinario Concierto para la mano izquierda y el deslumbrante Concierto para piano en sol mayor. Fue un encargo del destacado pianista austriaco Paul Wittgenstein, hermano del célebre filósofo Ludwig Wittgenstein, quien había perdido el brazo derecho a causa de una herida sufrida en la I Guerra Mundial. Fascinado por el reto técnico que suponía componer un concierto para la mano izquierda, Ravel abordó el proyecto con inmenso interés y entusiasmo. Las canciones para voz y piano constituyen la mayor parte de las primeras incursiones de Alban Berg en la composición. Aunque fueron compuestas entre 1905 y 1908, las Siete canciones tempranas del compositor no se publicaron hasta 1928. Estas canciones, fruto de los primeros años de aprendizaje de Berg junto a su mentor más importante, Arnold Schönberg, presentan una aparente sencillez. Sin embargo, un examen más detenido revela una sutileza y una imaginación que superan lo que cabría esperar de un compositor de relativa inexperiencia. Por su parte, la Sinfonía n.º 41 en do mayor supone el testamento sinfónico de Mozart. Resulta verdaderamente asombrosa la magnitud de la evolución alcanzada en este terreno por el austríaco. La última sinfonía de Mozart fue completada el 10 de agosto de 1788. Era una época difícil para el compositor: su carrera pública y sus finanzas personales flaqueaban, y acababa de sufrir la pérdida de una hija pequeña. Sin embargo, fue un año excepcionalmente productivo en lo creativo, pues logró añadir treinta nuevas obras a su catálogo.