Una unión de auténtico lujo para interpretar un monográfico dedicado al excepcional autor ruso, desde el Festival de Annecy. 

 Cuando el compositor ruso Sergei Rachmaninov (1873–1843) compuso su magnífico Concierto para piano nº 2 en Do menor, Op. 18, se encontraba sumido en una profunda depresión, la que fue, en gran medida, causada por el fracaso de su Sinfonía n.º 1. La obra llegó entre el otoño de 1900 y la primavera de 1901, siendo estrenada de forma fragmentada, pero siempre en las manos solistas del propio compositor. El estado emocional del autor era tan preocupante que tuvo que ponerse en manos del célebre psiquiatra Nikolai Dahl, que además era también un notable violonchelista, por lo que fue capaz de comprender el estado emocional de su paciente y lograr determinar así la metodología adecuada que tenía que emplear. Trabajó con él durante todo un año, logrando resultados sumamente positivos y que Rachmaninov saliera de su depresión para poder retomar la composición, a pesar de que las depresiones clínicas del ruso fueron constantes a lo largo de su vida. 

 Tras un viaje por Italia, Rachmaninov se puso a componer este concierto, del cual dejó por escrito primero el Adagio sostenuto y Allegro scherzando, esto es, los movimientos segundo y tercero, a los cuales añadió postreramente el movimiento inicial. Tras los estrenos fragmentarios de la obra, el estreno oficial del concierto al completo tuvo lugar el 27 de octubre de 1901, alcanzando un inmenso éxito entre la crítica especializada y el público. Esto sin duda logró alzar el ánimo de Rachmaninov, además de colocarlo en el lugar que entonces merecía: entre los más grandes compositores rusos del siglo XX. La obra fue dedicada, como no podía ser de otra forma, a aquel que le había ayudado a salir de la profunda crisis emocional, Nikolai Dahl. En una carta a su amigo Nikita Morozov, el autor ruso dice lo siguiente acerca de este concierto: «Acabo de tocar de punta a punta el primer movimiento de mi concierto y ahora se me hace claro que la transición del primer tema al segundo no es buena y que en esta forma el primer tema no es más que una introducción y que, cuando comienza el segundo tema, ningún tonto creerá que lo es. Todo el mundo pensará que es el comienzo del concierto. Considero que todo el movimiento está arruinado y a partir de este momento se ha convertido en verdaderamente horroroso para mí. ¡Estoy simplemente desesperado!» Como se observa, Rachmaninov se juzgó con una severidad extrema, a pesar del éxito que el concierto logró alcanzar después. Una de las características más interesantes del concierto es su semejanza en ciertos pasajes con los conciertos de su compatriota Piotr Ilich Tchaikovski, al que Rachmaninov admiraba poderosamente. Otro punto interesante es como, en algunos momentos, el piano se convierte casi en el acompañante de una protagonista orquesta. Sus tres movimientos, además, están entrelazados de forma original, comenzando cada uno de ellos en la tonalidad en que finalizó el movimiento precedente. 

 La última de las obras del programa son las Danzas sinfónicas, de propio Rachmaninov, compuestas en 1940 en Orchard Point, Long Island, y dedicadas a Eugene Ormandy y la Orquesta de Philadelphia, que las estrenaron el 3 de enero de 1941. Curiosamente, a pesar del mucho tiempo que había pasado en los Estados Unidos desde 1918, las Danzas Sinfónicas fue la primera partitura que compuso allí. Antes, para descansar de sus agotadoras giras, había buscado retiro estival en una villa cerca de Lucerna, un lugar idílico donde compuso sus Variaciones Corelli, la Rapsodia sobre un tema de Paganini y la Tercera Sinfonía. El estallido de la guerra en 1939 llevó a Rachmaninov a dejar Europa por última vez y radicarse primero en Long Island y más tarde en Beverly Hills. 

Sinopsis: 

Denis Matsuev se une a la Filarmónica de San Petersburgo, bajo la batuta de Yuri Temirkanov, para ofrecer el Concierto n.º 2, y dos breves piezas pianísticas, en un programa completado por las Danzas sinfónicas, de Sergei Rachmaninov.