El magnífico pianista de jazz jamaicano muestra todo lo que sabe hacer en este concierto celebrado en el prestigioso festival suizo.
«En general, cuando toco música la huelo y veo sus colores. Cada canción tiene su propia personalidad, su propia alma, y si no puedo sentirla no puedo tocarla con sentimiento. No entiendo qué es lo que me hace diferente, pero siento que tengo muy poco en común con los demás. Si estoy en lo cierto con mis motivaciones y actitud suceden cosas increíbles. […] Me encanta Jamaica. Me encanta América. Las amo a las dos juntas más que a cada una por separado. Habito el aspecto rítmico de ambas. No puedo explicar por qué. Lo hago de forma natural y alegre. Tengo la confianza, el orgullo y el privilegio de decir que provengo de un contexto multicultural y multiétnico. El lema de Jamaica es como el de Estados Unidos: 'E Pluribus Unum' [de muchos, uno solo].» Este es Alexander Monty (1944), el artista del que el mismísimo Frank Sinatra llegó a decir: «¡Monty es la dinamita de la música!» Cincuenta y cinco años después de mudarse a los Estados Unidos desde la jamaicana Kingston, su ciudad natal, el pianista Monty Alexander es ya un clásico estadounidense, recorriendo el mundo implacablemente con diversos proyectos y deleitando a un público atraído por su personalidad vibrante y su mensaje conmovedor. Su concepción espiritual de la música se basa en las verdades intemporales: creación de melodías interminables, ritmos efervescentes, voces sofisticadas, un espíritu romántico y una predisposición constante «para aumentar la temperatura y levantar una tormenta». En el transcurso de cualquier actuación, Alexander aplica esa estética a un repertorio que abarca una amplia gama de expresiones musicales del jazz y Jamaica: el cancionero estadounidense y el blues, gospel y bebop, calypso y reggae. Al igual que su «eterna inspiración», Erroll Garner, Alexander –que aparece como el quinto mejor pianista de jazz en Los Cincuenta Grandes Pianistas de Jazz de todos los tiempos [Hal Leonard Publishing] y mencionado en Robert Doerschuk's 88: The Giants of Jazz Piano– se obsesiona por profundizar en el jazz para comunicar su mensaje. Nacido el 6 de junio de 1944, Alexander creció en Kingston, donde absorbió todos los sabores musicales que componen su paleta sonora madura: «Me empapé de todo; la banda de calypso tocando en la piscina del campo, los artistas locales en las jam sessions que deseaban ser Dizzy Gillespie y Miles Davis, las bandas de baile que tocaban melodías jamaicanas, canciones que Belafonte habría cantado.» Cuando Alexander tenía nueve años, su padre lo llevó para escuchar y tocar para el legendario pianista Eddie Heywood. A los diez años vio a Nat ‘King’ Cole tocar en el Kingston's Carib Theatre, el mismo lugar donde a los trece años escuchó un concierto con Louis Armstrong. «Por entonces tenía un pie en el jazz y el otro en la música tradicional de antaño. Ninguno era más valioso que el otro. El Boogie-woogie también fue importante para mí. Me sentaba al piano y pensaba que estaba en la Orquesta de Count Basie o una banda de rhythm and blues. Automáticamente alcancé todo lo que quería tocar en el piano, y simplemente lo disfruté. No venía con la práctica, sino con el disfrute: disfrutar, y disfrutar todo el tiempo.» A los catorce comenzó a mostrar sus habilidades en los clubes locales. Poco después realizó sus primeras grabaciones, como líder de un grupo llamado Monty and the Cyclones.
Pero después de mudarse a Miami con su madre en 1961, Alexander sublimaría las raíces jamaicanas para establecer su identidad de jazz. En 1963 se instaló en la ciudad de Nueva York, y a partir de ahí forjaría su impresionante carrera. Allí tocó por primera vez con la orquesta de Art Mooney. Al poco tiempo ya acompañaba a destacados cantantes y músicos de primera categoría como Dizzy Gillespie, Toots Thielemans, Duke Ellington, Quincy Jones, Frank Sinatra, Jimmy Smith o Milt Jackson. Su estilo destaca por la fusión entre las raíces jamaicanas y el jazz estadounidense clásico, con una fuerte influencia caribeña. Sus influencias más notorias son Wynton Kelly, Art Tatum, Gene Harris y Ahmad Jamal. Su trabajo más popular fue como pianista en el disco Unforgettable, de Natalie Cole, en el cual se rinde homenaje al cantante Nat ‘King’ Cole, que se alzó a lo más alto en la lista del Billboard en 1991.
Sinopsis:
Acompáñennos una vez más al excepcional festival Baloise Session, de la ciudad suiza de Basilea, para disfrutar de este concierto protagonizado por una de las leyendas jamaicanas del jazz, Monty Alexander, junto a su espectacular banda.