Un repaso por dos de las obras que recorren las cuatro estaciones del año; un viaje desde la Italia barroca a la Buenos Aires contemporánea.

Las estaciones del año han sido, por extraño que parezca, un tema recurrente sobre el que componer música a lo largo de la historia. Más que célebre es el caso de Antonio Vivaldi (1678–1741), quien compuso una serie de cuatro conciertos para violín, cada uno de ellos dedicado a una de las estaciones del año. Pero incluso antes que este, otro compositor del Barroco, el inglés Christopher Simpson (c. 1602–1669) dedicó a estas una serie de cuatro fantasía–suites (TheSeasons), en concreto para conjunto de viole da gamba con bajo continuo. Unas decenas de años después, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, fue el austriaco Fran Joseph Haydn (1732–1809) quien compuso un oratorio que tituló con el nombre alemán de estas, Die Jahreszeiten, para soprano, tenor, bajo, orquesta y coro.

Antonio Vivaldi fue uno de los principales compositores del Barroco europeo, desarrollando de manera muy importante la música instrumental, pero también la ópera y la música sacra, desde la ciudad de los canales, desde donde dirigió sus pasos hacia algunas de las ciudades más importantes de Europa para desarrollar su carrera, pero volviendo siempre a Venecia, al menos hasta pocos años antes de su muerte, que se sucedió en Viena. Vivaldi es reconocido principalmente por su capacidad para elevar el género del concierto solista a las más altas cotas en la primera mitad del siglo XVIII, especialmente para el violín, el instrumento que tocaba y para el que compuso centenares de magníficos conciertos. Dentro de su colección de doce conciertos publicados en 1725 en su Op. 8, titulada como Il Cimento dell’Armonia e dell’Inventione, se encuentran estas Le QuattroStagioni, cuatro conciertos dedicados a la primavera, el verano, el otoño y el invierno. Mucho se ha escrito sobre la supuesta base programática de estos conciertos, compuestos para describir las líneas de unos sonetos que supuestamente el propio Vivaldi habría escrito. Se trata, en cualquier caso, de una música exquisita, de notable complejidad y una escritura violinística muy refinada. Sin duda es una de las cimas dentro del género del concierto para el instrumento de cuerda rey.

Sobrepasada ya la mitad del pasado siglo XX, Astor Piazzolla (1921–1992), gran maestro argentino del tango, supo como nadie difuminar casi hasta la inexistencia la línea entre la música clásica y la popular de su país. Conjugaba su formación de armonía y escritura clásica, que había aprendido con Nadia Boulanger, con la de su pasión por el bandoneón y el género popular por excelencia en la Argentina. Las Cuatro Estaciones Porteñas son consideradas como una de las composiciones fundamentales en su catálogo. No fueron compuestas a la vez, sino que fueron llegando con algunos años de diferencia: Verano Porteño data de 1964, Otoño Porteño de 1969, y Primavera Porteña e Invierno Porteño de 1970. No las concibió como una obra indisoluble: pueden ser interpretadas cada una de manera independiente. Pero una vez que las compueso todas, las interpretó de manera conjunto y así se han ido interpretando y grabando posteriormente. Fueron concebidas para quinteto de bandoneón, violín, piano, guitarra eléctrica y contrabajo, a excepción del invierno, originalmente escrito para viola en  lugar del violín. Entre 1996-1998 el compositor ruso LeonidDesyatnikovplanteó una nueva disposición de las obras originales con la que crear un vínculo más evidente entre Vivaldi y Piazzolla, estructurando cada una de las obras en tres secciones y reescribiéndolas para violín solista y orquesta de cuerdas. En cada obra incluyó algunas citas de la obra original de Vivaldi, aunque como las estaciones se invierten dependiendo de los hemisferios norte y sur, los elementos citados del invierno vivaldiano se introdujeron por ejemplo en su Verano Porteño.

El presente concierto plantea una interpretación intercalada de las «estaciones» de ambos compositores, de tal forma que se interpreta primeramente un concierto de Vivaldi, para a continuación presentar una de las piezas de Piazzolla y así sucesivamente hasta completar el ciclo. VeskoEschkenazy es el encargado de interpretar la parte solista de los conciertos vivaldianos, mientras que LiviuPrunaru lo hace con las obras porteñas. Las obras se interpretan con un conjunto de cámara dentro de la Orquesta del Real Concertgebouw y sin director, siendo los propios solistas los encargados de esta apartado, algo muy apropiado para ambos compositores. Todo un espectáculo realmente singular y único hasta el momento, que presenta codo con codo a dos grandes maestros de la creación entre el siglo XVIII y el XX.

Sinopsis:

Les invitamos a disfrutar de un recorrido que va directamente desde la Venecia del siglo XVIII a la capital argentina de la segunda mitad del XX. Las Cuatro Estaciones de Vivaldi son sin duda una célebre composición, pero en este programa se interpretan junto a Las Cuatro Estaciones Porteñas del maestro Astor Piazzolla, con su escritura tan particular y reconocible. Una mixtura única que la Orquesta del Real Concertgebouw de Ámsterdam junto a sus dos violines principales les presenta aquí en un espectáculo que no les dejará indiferentes.