Un evento fascinante para conmemorar la semana de los Premios Nobel de 2010, con la presencia de Joshua Bell, una de las grandes estrellas de la música clásica.

Los Premios Nobel son los galardones más destacados a nivel mundial en cuanto a las disciplinas científicas y humanísticas se refiere. Cada año, la ciudad sueca de Estocolmo se engalana para celebrar la entrega de estos premios, que llevan más de un siglo, como así deseó el creador de los mismo, Alfred Nobel. En la semana de entrega se llevan a cabo multitud de actividades, a las que por supuesto la música no es ajena. Este concierto es un claro ejemplo de ello. Celebrado durante la semana de los premios en 2010, supone una ocasión fascinante de presenciar sobre el escenario a un violinista estadounidense, una orquesta sueca y un director finés, quienes interpretan obras de un alemán, un ruso y otro finés, todo un crisol de culturas que ejemplifica en gran parte el espíritu de los premios.
La primera de las piezas interpretadas en la obertura n.º 3 de Leonore Op. 72a, obra en Do mayor que forma parte de las múltiples revisiones que Ludwig van Beethoven (1770-1827) realizó de la que fue su única ópera, a posteriori titulada Fidelio. Compuesta probablemente en 1806, esta tercera obertura es en realidad la consecución del estudio previo realizado en la obertura n.º 2, pues utiliza el mismo material que la precedente, aunque algo más desarrollado, convirtiéndose en una variación melódica y casi poética de la anterior; es una gran obra dramática sin palabras. FelixMendelssohn introdujo esta obertura como comienzo del acto II y esta es una práctica común que se ha seguido utilizando desde entonces. El material utilizado esta extraído del posterior en la ópera, lo que la conecta de manera magistral al drama. Impacta especialmente el toque de trompeta que se utiliza como una llamada y que se conecta luego con la llegada del ministro que va a liberar a Florestan, además de su estructura: una breve introducción lenta, que es seguida por un Allegro en forma de sonata bitemática. La orquesta que utiliza se compone de cuerda, 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones y timbales.
La pieza central del programa la protagoniza el Concierto para violín en Re mayor Op. 35, de Piotr Illich Tchaikovsky (1840-1893). Fue el primer compositor de un nuevo tipo en Rusia, totalmente profesional, que continuó de manera firme las tradiciones del sinfonismo europeo occidental asimilándolo como propio. Consiguió un estilo profundamente original, personal y nacional que aunó la idea sinfónica de Beethoven y Schumann con el trabajo de Glinka. Obra compuesta en 1878, se la considera como una de las cimas del género para este instrumento. De claro estilo romántico, se estructura en torno a tres movimientos, uno central de carácter calmo, con los extremos de tempo más ágil. La orquestación sigue el modelo del XIX, con cuerda, 2 flautas, 2 oboes, dos clarinetes, 2 fagotes, 4 trompas, 2 trompetas y timbales. Aquí Tchaikovsky puede haber sido inspirado por la compañía del violinista IosifKotek, un antiguo alumno al que había cogido cariño, que había servido de intermediario entre él y Meck desde el principio de su relación, y que ahora se reproduce a través del concierto. El autor escribe, quizá, con falta de un discurso mordaz, que sin embargo puede verse enmascarado por la bravura continua de la parte solista. Mendelssohn viene a la mente tanto en la cadencia del movimiento inicial, como en el movimiento lento, cuya introducción se anticipa a cualquier atisbo de la melodía principal haciendo que el efecto con la aparición de la Canzonetta sea una completa sorpresa. Tras varios intentos fallidos, el concierto se estrenó en diciembre de 1881 en la capital austríaca, por parte del violinista Adolf Brosdky, cosechando una crítica en general mala y no siendo percibida como la absoluta obra maestra que es vista hoy día.
Se cierra el programa con la Sinfonía n.º 5 de Jean Sibelius [1865-1957], compositor finés, figura central de la composición en su país durante el final del siglo XIX y el comienzo del XX. Su producción más significativa fue orquestal: siete sinfonías, un concierto para violín, varios conjuntos de música incidental y numerosos poemas de tono, a menudo basadas en incidentes tomados del Kalevala, la epopeya popular en lengua finlandesa. Sibeliusdestaca por un trabajo que se distingue por adaptaciones sorprendentemente originales de elementos familiares: tratamiento poco ortodoxo de la armonía triádica, del color orquestal, del proceso musical y la estructura. Su música evoca una serie de estados de ánimo y temas característicos, desde el nacionalismo de celebración y la lucha política, a la desesperación frío y el aislamiento separatista; desde contemplaciones melancólicas de ideas musicales «neoprimitivas», a la lenta transformación de las texturas sonoras que meditan sobre los misterios, grandezas y de vez en cuando el acecho de mitos populares arquetípicos o paisajes naturales. Un maestro de la continuidad del lenguaje sinfónico, con un pensamiento muy lógico, que basa gran parte de su música en su propia concepción del temperamento nacional finés. Su quinta sinfonía Op. 82, compuesta en 1915 en la tonalidad de Mi bemol mayor, fue una obra sobre la que Sibeliustrabajó de manera recurrente, de hecho, la de 1915 es solo la primera de las tres versiones que realizó de la misma, volviendo a ella un año después, y terminando con las revisiones en 1919. La versión final es la más célebre y la que se interpreta con mayor asiduidad, siendo estrenada el 24 de noviembre del mismo año en Helsinki, por la Helsinki PhilharmonicOrchestra. La obra se compone en tres movimientos, pero que contienen muchas indicaciones de agógica en cada uno de ellos. La plantilla concebida es: cuerda, 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 2 trompas, 2 trompetas, 2 trombones y timbales. Una obra de gran calado, que Sibeliustransformó y a la que volvió durante varios años, para lograr perfeccionar una sinfonía de una calidad muy notable tanto en su forma como en el contenido intrínsecamente musical.
Sinopsis:
Disfruten en este recital de Joshua Bell, una de las estrellas en los escenarios de la música clásica y gran figura del violín, quien junto a la Orquesta de la Real Filarmonía de Estocolmo y SakariOramo nos presenta el concierto de la gala de los Premios Nobel de 2010. Un programa que se destaca por la compleja personalidad de los compositores interpretados, Beethoven, Tchaikovsky y Sibelius, quienes nos legaron piezas de una calidad y una psicología interna realmente fascinantes.