Continúa la integral de las sinfonías beethovenianas con este tercer programa en interpretación de Iván Fischer dirigiendo a la Orquesta del Real Concertgebouw de Amsterdam.

«Pastoral», con este sobrenombre se conoce a la Sinfonía n.º 6 en Fa mayor, Op. 68, compuesta por Beethoven en 1808. Es una de sus pocas obras programáticas y se encuentra, históricamente hablando, a medio camino entre Las Cuatro Estaciones de Vivaldi y los ulteriores poemas sinfónicos de Franz Liszt y Richard Strauss. Beethoven precisó que su intención, antes que describir cuadros naturalistas o mera imitación de sonidos de la naturaleza, era la de evocar sentimientos, pues hay en ella «más emoción que descripción», como él mismo señaló. Es quizá por eso que la subtituló como «Recuerdos de la vida campestre», definiéndolo en la página del título como «más una expresión de sentimiento que pintura sonora». Una breve declaración de intenciones que sin embargo conforma la síntesis de sus reflexiones referidas a la estética durante la composición de la Pastoral. Beethoven  quería huir del punto en que la representación literal del programa volviera su música demasiado trivial. Desde un cierto punto de vista puede verse como que no cumplió del todo lo pretendido, como se aprecia en los cantos de pájaros hacia el cierre del segundo movimiento, la banda pueblerina del scherzo, el tema con canto estilo tirolés del final, los zumbidos como de gaita de los movimientos externos y la tormenta, pues son tanto una pintura sonora como una expresión de sentimiento.

Fue estrenada junto a la quinta sinfonía y otra sería de obras en aquel gigantesco concierto de cuatro horas de duración llevado a cabo en el Theateran der Wien de Viena el 22 de diciembre de 1808. Su recibimiento fue algo frío, sobre todo en comparación con la Quinta y también porque la orquesta no había ensayado apenas antes del concierto. Es probable que la Sexta resultase demasiado calmada e introspectiva para el público en aquel momento. Consta de cuatro movimientos y la plantilla instrumental global, puesto que alterna bastante el uso de algunos instrumentos entre unos movimientos y otros, es la habitual: violín I/II, viola, violonchelo, contrabajo, piccolo, 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 2 trompas, 2 trompetas, 2 trombones y timbales.

La Sinfonía n.º 7 en La mayor, op. 92 fue compuesta en 1811 y está dedicada al conde Moritz von Fries. Se estrenó en Viena el 8 de diciembre de 1813 durante un concierto de caridad para los soldados heridos en la Batalla de Hanau que fue dirigido por el propio autor. La orquesta estaba repleto de grandes músicos de la talla de Louis Spohr, Giacomo Meyerbeer, Mauro Giuliani, Johann NepomukHummel, IgnazMoscheles, DomenicoDragonetti, Andreas Romberg y Antonio Salieri. Consta de cuatro movimientos y una plantilla orquestal habitual formada por: violín I/II, viola, violonchelo, contrabajo, 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 2 trompas, 2 trompetas y timbales.

El propio Spohr cuenta en su autobiografía que para el estreno de la obra el maestro de Bonn estaba tan sordo que no era capaz de percibir los pasajes piano de su propia obra. Durante el Allegro en uno de estos pasajes el maestro no percibía lo que sonaba y durante un rato la orquesta iba por un lado y él por otro, de tal forma que cuando en un pasaje llegaba la presencia de un forte, Beethoven, que iba contando para su interior al no escuchar la orquesta, marcó de manera contundente el matiz, pero no ocurrió nada. Cuando pasaron unos compases y la orquesta atacó el forte en el punto conveniente, Beethoven pudo por fin escuchar algo y salir de su error. A pesar de todo el estreno obtuvo un gran éxito. Hacía cinco años que Beethoven no presentaba al público una nueva sinfonía y por esto fue recibida con gran entusiasmo, de tal forma que se Allegretto tuvo que ser repetido ante la insistencia del público.     

Sinopsis:

En Allegro HD les invitamos a seguir disfrutando de las nueve sinfonías de Ludwig van Beethoven, en esta ocasión con las sinfonías sexta y séptima, en la versión del director húngaro Iván Fischer al frente de la Orquesta del Real Concertogebouw de Amsterdam, unas de las orquestas y las salas de conciertos más prestigiosas del mundo