La cima concertística del gran compositor checo en las manos de uno de los mejores violonchelistas del siglo XX, junto a la excepcional orquesta suiza.

 Antonín Dvořák (1841-1904) fue un compositor checo que ya desde niño demostró disposición y grandes dotes para la música. Su obra es muy variada: desde la ópera a la música de cámara, pasando por la música sinfónica –ámbito al que dedicó más atención–. Su obra musical no es tan sencilla y bucólica como la de su compatriota Bedřich Smetana, ya que Dvořák posee un lenguaje más moderno, en el que emplea con mayor sofisticación la técnica, además de una orquesta más numerosa. En su orquestación busca la espectacularidad, conseguida a través de contrastes dinámicos y de la experimentación de nuevas combinaciones tímbricas. Algunos de los recursos que emplea son propios de los compositores eslavos, como la utilización frecuente del registro grave del violín y el uso de los instrumentos de metal en pianissimo. Su fluidez y gran espontaneidad melódica proceden en cierta medida de Franz Schubert. En sus obras de juventud imitaba los modelos románticos, especialmente los de Felix Mendelssohn. En la década de los años sesenta se puede apreciar en su música cierta ambigüedad tonal y frecuentes modulaciones hacia ámbitos tonales lejanos. Pero a partir de 1874 se alejó del influjo de compositores como Franz Liszt y Richard Wagner para desarrollar un estilo algo más convencional y clásico. Fue en esa época cuando comenzó a estudiar el folclore de su país, cuyos principales elementos utilizó posteriormente en sus composiciones. Así incluyó en su obra ritmos sincopados de danzas populares como la mazurka, la dumka o la sparcirka y abandonó la práctica de la anacrusa, ya que ésta no existe en el folclore checo. En esta línea de carácter nacionalista surgieron multitud de títulos, incluyendo obras maestras que, junto con el Requiem [1890], le hicieron convertirse en el padre del oratorio checo.

 Su Concierto para violonchelo y orquesta en Si menor Op.104 [1895] es el más conocido de su catálogo. Previamente había iniciado ya un concierto para violonchelo en 1865, pero abandonó su composición tras completar la parte del solista y con un acompañamiento para piano que nunca llegó a orquestar. El Op. 104 pertenece al repertorio general del violonchelo y es uno de los más interpretados. Está dedicado al violonchelista Hanuš Wihan, quien debía estrenarlo en Londres, aunque finalmente se estrenó el 19 de marzo de 1896, bajo la batuta del propio compositor y con Leo Stern como solista. Dvořák inició su composición el 8 de noviembre de 1884 y lo concluyó el 9 de febrero de 1895, es decir, los últimos meses de su estancia en Estados Unidos tras haber aceptado la invitación de Jeannette Thurber, fundadora del Conservatorio de Nueva York, para que se hiciera cargo de la dirección de esta institución.

 Mischa Maisky, violonchelista letón nacido en Riga en 1948, comenzó a tomar clases de chelo a los ocho años en su ciudad natal. A los catorce se cambió al Conservatorio de Leningrado y un año después al Conservatorio de Moscú. En 1966 logró el sexto puesto en el Concurso Internacional Tchaikovsky en Moscú. Maisky ha sido el único violonchelista en el mundo que tuvo la oportunidad de estudiar con Mstislav Rostropovich y con Gregor Piatigorsky. Rostropovich lo definió como uno de los talentos más extraordinarios de la nueva generación de violonchelistas combinando en su arte, poesía y delicadeza exquisita junto con temperamento y técnica brillante. Ha sido aclamado en los centros musicales más importantes del mundo. Artista en exclusiva de Deustche Grammophon durante los últimos veinticinco años, ha grabado más de treinta discos con orquestas como las Filarmónicas de Viena o Berlín, la Sinfónica de Londres, Orchestre de Paris y la Orquesta de Cámara de Europa, entre otras. La primera grabación de Mischa Maisky fue el Doble concierto para violín y chelo, de Johannes Brahms junto a Gidon Kremer y la Filarmónica de Viena, dirigida por Leonard Bernstein. Desde entonces muchas de sus grabaciones han sido merecedoras de importantes premios internacionales.

Sinopsis:
Markus Poscher y la Orquesta de la Suiza italiana vuelven a rodearse de otro gran solista, el violonchelista letón Mischa Maisky, para interpretar junto el exquisito Concierto para violonchelo Op. 104, de Antonín Dvořák.