La magnífica orquesta holandesa interpreta una magnífica terna rusa, de la mano del excelente director italiano y el chelista franco-estadounidense.

Magnífico triple programa protagonizado por tres obras de excepción, pilares fundamentales en la interpretación del repertorio orquestal ruso de finales del XIX y del siglo XX. Se inicia con el Concierto para violonchelo n.º 1 en Mi bemol mayor, Op. 107, de Dmitri Shostakovich (1906-1975). Compuesto en 1959, en un momento de plena madurez en su carrera compositiva, sin ataduras estéticas de tiempos anteriores, en las que el régimen de Stalin le obligó a componer obras en las que quizá no creía. Su Op. 107 se encuentra entre las obras maestras de este período, logrando además reflejar, de manera muy fidedigna, el alma torturada del compositor. La obra es un dechado de creación en la que se mezclan elementos expresionistas acompañados de un lirismo cantable y emotivo que hunde sus raíces en la tradición romántica rusa. El dedicatario de la obra fue su amigo, el gran chelista Mstislav Rostropovich, que en tan solo cuatro días conocía su papel de memoria, teniendo su estreno el 4 de octubre de 1959, con Yevgeni Mravinski dirigiendo la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo en la sala principal del Conservatorio de San Petersburgo. La primera grabación discográfica del concierto tuvo lugar en noviembre de ese mismo año, con el propio Rostropovich acompañado por la Orquesta de Philadelphia y la batuta de Eugene Ormandy. La segunda obra es la Suite orquestal extraída del Cascanueces, el célebre ballet que Piotr Ilich Tchaikovsky (1840–1893) compuso por encargo del director de los Teatros Imperiales en 1891, y que se estrenó en 1892. La obra, que data de 1891 y 1892, es el tercero de sus ballets, que en la producción original contó con la coreografía de Marius Petipa y Lev Ivanov. El libreto fue escrito por Ivan Vsevolozhsky y el propio Petipa tomando como base la obra de Alejandro Dumas (padre) inspirada sobre El cascanueces y el rey de los ratones, de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann. Antes de su estreno completo, el propio Tchaikovsky seleccionó ocho de los números del ballet para conformar la Suite El cascanueces op. 71a, concebida para tocarse en concierto. La suite se tocó bajo la dirección del compositor el 19 de marzo de 1892, con ocasión de una reunión de la sección de la Sociedad Musical en San Petersburgo, convirtiéndose al momento en una obra de repertorio, que llegó a superar en popularidad durante muchos años al propio ballet.
La Suite de El pájaro de fuego de 1919 es la segunda de las tres que preparó Igor Stravinsky (1882-1971) a partir de su ballet, y sin duda la más conocida e interpretada. Con una duración aproximada a la mitad del ballet completo, consta de unos pocos movimientos en los que se suceden la presentación, danza y captura del pájaro de fuego, el baile de las princesas, la danza infernal del rey, su seducción por el pájaro de fuego y el final, con la desaparición del palacio y los encantos que da lugar a la algarabía general. El ballet El pájaro de fuego se comenzó a componer en noviembre de 1909, siendo terminado el 18 de mayo de 1910. El estreno tuvo lugar en la Ópera de París, el 25 de junio de 1910, interpretado por los célebres Ballets Rusos de Sergei Diaghilev. La coreografía original fue creación de Mikhail Fokine, contando con la escenografía de Alexandre Golovine, el vestuario de Golovine y León Bakst, y la dirección orquestal de Gabriel Pierné. Algún tiempo después el propio Stravinsky extrajo varias suites diferentes del original, para ser interpretadas en concierto. La orquestación de El pájaro de fuego es espectacular. Sin contar aún con los treinta años, se muestra ya como un maestro orquestador.
Sinopsis:
La Orquesta del Real Concertgebouw, el violonchelista Yo-Yo Ma y Daniele Gatti les ofrecen el Concierto para violonchelo nº. 1, de Shostakovich, la Suite de Cascanueces, de Tchaikovsky, y la Suite de El pájaro de fuego, de Stravinsky.