Otro homenaje al gran compositor veneciano, en un recital de enorme belleza protagonizado por tres solistas de lujo y el gran ensemble vienés.

Antonio Vivaldi (1678-1741) fue un compositor y violinista italiano cuya abundante obra concertística ejerció una influencia determinante en la evolución histórica que llevó al afianzamiento del género concertante, así como de otros géneros puramente instrumentales, como la sonata o la sinfonía. Autor ciertamente prolífico, la producción vivaldiana no se relaciona únicamente con la música instrumental, sino que destacó sobremanera como operista, firmando algunos de los títulos más brillantes en la Europa de la primera mitad del XVIII, además de como un excepcional compositor de música vocal sacra, de la que practicó prácticamente la totalidad de los géneros más importantes del momento, aplicando en ellos su escritura tan particular y definitoria. Célebre al extremo merced a la composición de Las cuatro estaciones, sus conciertos para violín y orquesta, cuya fama ha eclipsado prácticamente el resto de su obra, Vivaldi es con todo merecimiento uno de los más grandes autores del período Barroco y de la historia de la música occidental.

 El genial compositor veneciano, que era conocido como Il prete rosso –por su color de pelo rojizo y por estar ordenado sacerdote–, vivía un tanto alejado de la vida sacerdotal que le exigía su cargo. En 1703 se unió al Ospedale della Pietà en Venecia. Por aquel entonces, este joven músico tenía 25 años de edad y acababa de ser ordenado sacerdote. Todas las composiciones que se interpretan en este concierto fueron compuestas por Vivaldi precisamente para el Ospedale, donde ejercía como maestro de música y compositor. Esta institución, que acogía a jóvenes huérfanas, presumía en aquel momento de tener uno de los mejores conjuntos instrumentales y vocales de toda Europa, conformado únicamente por féminas. Este orfanato ha sido una institución en Venecia, tanto en el aspecto caritativo de la ciudad, así como en su vida musical. Aquí las niñas de talento musical crecían recibiendo una formación musical de alta calidad, ya que la institución se financiaba, entre otras cosas, con los conciertos que tenían lugar allí y que eran ofrecidas por las propias internas, los cuales eran conocidos internacionalmente, ya que amantes de la música viajaban a Venecia solo para escucharlos. El coro y la orquesta del Ospedale eran más famosos en el siglo XVIII que muchos conjuntos hoy día.

 Precisamente el título del concierto, Desde el Ospedale hasta Concordia, hace referencia a este aspecto caritativo que une humanidad y música. Hoy día Europa sigue planteando la problemática de falta vivienda en la infancia, por ejemplo en algunas partes de Europa del Este, donde los niños sufren de necesidades agudas para sobrevivir. Es por eso que la importancia de la asociación Concordia es vital en algunos lugares. Desde que el sacerdote jesuita George Sporschill, hace 25 años, acogiera niños sin hogar en Bucarest para darles comida, ropa y un lugar para dormir, Concordia ha construido numerosos centros sociales. Proporcionan seguridad para el presente y oportunidades para un futuro independiente: una rutina diaria regular, alimentación, educación escolar y por último, pero no menos importante, la educación musical, que para ellos es un pilar fundamental de una vida y un aprendizaje estructurados. Disfruten, pues, de este recital que conjuga el arte y el trabajo por conseguir un mundo mejor para los niños que serán el futuro.

Sinopsis:

Un nuevo episodio de nuestros Tesoros barrocos, en esta ocasión dedicado una vez más a la música sacra del genial Antonio Vivaldi. Las voces solistas corresponden a las sopranos Hanna Herfurtner y Joowon Chung, así como al excepcional contratenor Andreas Scholl. Les acompaña el Bach Consort Wien y el Salzburger Bachchor, todos bajo la dirección de Rubén Dubrovsky, para interpretar algunas de sus obras sacras más relevantes: Concerto grosso RV 156, Sonata al Santo Sepolcro RV 130, Filiae Maestae Jerusalem RV638, Stabat Mater RV 612, Vestro Principi Divino RV 633, Beatus vir RV 598 y el celebérrimo Gloria RV 589.