Una creación contemporánea para conmemorar los quinientos años de uno de los genios del arte universal.

El hijo más célebre de s-Hertogenbosch es sin duda el famoso pintor Hieronymus Bosch, vivió y trabajó en el mercado de la ciudad, retratando la vida medieval en sus cuadros repletos de simbolismo, fantasía y acertijos. Con el evento internacional Jheronimus Bosch 500, 's-Hertogenbosch conmemoró en 2016 el quinto centenario de la muerte del artista de una manera espectacular. Uno de los grandes momentos de dichas celebraciones fue el estreno de la composición que la propia organizadora –a la que se sumó la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam– encargó al compositor Detlev Glanert: Requiem voor Jheronimus Bosch [Requiem por Hieronymus Bosch], que tuvo su estreno en la Catedral de San Juan de la localidad, repitiéndose después en el propio Concertgebouw de la capital holandesa, donde además fue grabada y editada en el sello Chandos. La obra, compuesta para solistas, narrador, coro, órgano y orquesta, tiene en las pinturas de Bosch una clara e ilimitada inspiración para Glanert. Puedo disfrutarlas de nuevo en la retrospectiva de mayor importancia a nivel mundial que tuvo lugar ese mismo año en 's-Hertogenbosch.
Los cuatro paneles de las Visiones del más allá le causaron una impresión profunda: una visión oscura, imprevista y sobre todo grandiosa habla a través de estas pinturas. Como un distante pero pariente espiritual del artista inglés Turner. Mirar tan solo una de las pinturas de Bosch es como ver cientos de cuadros en un museo –de una imaginación inagotable–; de esta manera canta Glanert las alabanzas de su ídolo pictórico. Continúa: en su obra se ve el modo de vida y la filosofía de su propio tiempo tan bien reflejado. En la Edad Media el género humano tenía poco valor. Los sentimientos de angustia y la dureza de la vida llevaron a todos al camino de la fe. Llevar una vida de bondad era entrar en el paraíso. Y así es, pues la luz y la oscuridad, o el bien y el mal nunca fueron destacados tan contrastadamente como en el mundo tardomedieval de Bosch. El encargo para componer el Réquiem por Hieronymus Bosch fue el gran evento que Glanert había estado buscando. Aquí al fin tendría la oportunidad de componer una misa de muertos sobre el enigmático Bosch. Pero no esperen que el compositor presente un homenaje dulce, porque Bosch debe someterse a nada menos que un juicio celestial. Mi Requiem tiene lugar varios segundos después del fallecimiento de Bosch. Su alma está condenada a ir en su camino al purgatorio. Antes de la gran sentencia, se celebra una audiencia. La pregunta clave –que Glanert parece disfrutar– es si nuestro Bosch irá al paraíso o estará destinado al infierno. Un escenario dramático de este calibre no es desperdiciado en lo más mínimo por el compositor: ¿Podrá nuestro pobre Bosch obtener el derecho de sentarse junto a Lázaro en el paraíso? No tengan miedo, el arcángel no encontrará nada pecaminoso: la redención está cerca, concluye el autor.
La pieza presentó un nuevo reto a Glanert y la orquesta. A través de sus dieciocho movimientos combina los clásicos textos del Requiem latino con pasajes de la colección de manuscritos medievales Carmina Burana: sentí en todo caso la necesidad de poner todo el texto del Requiem, al que he añadido el «no oficial» In Paradisum, porque mi Hieronymus realmente alcanza el paraíso. Cada parte del texto del Requiem se acompaña y alterna con un texto del Carmina Burana sobre el mal y los siete pecados capitales: por supuesto, he omitido las partes usadas por Carl Orff.
Sinopsis:
El Bosco es sin duda uno de los mayores pintores en la historia de la humanidad. Por ello, en 2016 y coincidiendo con la efeméride del 500.º aniversario de su desaparición, la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam y Jheronimus Bosch 500 encargaron a Detlev Glanert la composición de este Requiem por Hieronymus Bosch, que se estrenó en la Catedral de San Juan de su ciudad natal. Cuenta con la participación de las voces solistas de Aga Mikolaj, Ursula Hesse von den Steinen, Gerhard Siegel, Christof Fischesser y el Coro de la Radio Holandesa, el órgano de Leo van Doeselaar, la narración de David Wilson–Johnson, la propia Orquesta del Concertgebouw y la batuta de Markus Stenz.