El magnífico director alemán continúa con su acercamiento a la genial obra sinfónica y orquestal del excepcional Johannes Brahms.

En el presente programa monográfico se erige ante todos la gran figura de Johannes Brahms (1833–1897), uno de los grandes maestros de la historia de la música alemana y uno de los referentes a nivel occidental dentro del Romanticismo. Sucesor de Ludwig Van Beethoven y Franz Schubert en las formas compositivas de mayor formato, además de en la música de cámara y las composiciones orquestales; pero también del propio Schubert y Robert Schumann en las formas musicales en miniatura, como las piezas para piano y las canciones. Hay en su música coral un verdadero puente tendido entre los polifonistas del Renacimiento y el Barroco y la creación coral del siglo XIX. Las obras de Brahms sintetizan las prácticas de tres siglos con el color del folklore y el lenguaje de la música culta de mediados y finales del siglo XIX. Su obra, de pasión controlada, es considerada reaccionaria y todo un epígono por algunos, así como progresiva por otros, llegando a ser muy valorada y respetada en vida del autor, además de reverenciada como una absoluta genialidad por el público, la crítica y los intérpretes de la actualidad. De su poderoso y magnífico catálogo compositivo se presentan tres piezas, siendo la primera de ellas la breve Obertura del festival académico Op. 80, datada en 1880 y estrenada el 4 de enero de 1881 en Breslavia, bajo la dirección del propio autor. En 1879 Brahms fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Filosofía de Breslau. Como agradecimiento, el compositor firmó esta obertura, la cual, cuando estaba siendo realizada, fue repentinamente alterada por otra de espíritu diametralmente opuesto: Una que llora y otra que ríe, afirmó Brahms. Así, la Obertura del festival académico no es otra cosa que una obra de circunstancias, una especie de fantasía en la que utiliza una docena de motivos diferentes, entre ellos cuatro canciones estudiantiles, sobre todo la célebre Gaudeamus igitur, que termina la obra con una jocosa solemnidad.
Las dos grandes obras del programa son su Concierto para violín Op. 77 y la Sinfonía n.º 4. Su Concierto para violín en Re mayor fue compuesto en 1878, estando dedicado a su amigo Joseph Joachim, el gran violinista alemán que lo estreno el 1 de enero de 1879, de nuevo con el propio compositor dirigiendo a la orquesta de la Gewandhaus de Leipzig. Brahms, que no dominaba la técnica del violín tanto como la del piano, contó durante la composición con la ayuda de Joachim, a quien consultó diversos aspectos de la técnica violinística, aunque finalmente muchas de sus sugerencias no fueron tomadas en cuenta. La obra contiene numerosas dificultades técnicas, que hacen de ella un tour de force para cualquier violinista. Brahms escribió lo siguiente a su violinista: Después de haberla escrito, realmente no sé qué pensarás sobre la parte solista solamente. Mi intención era, por supuesto, que la corrigieras, sin prestar atención a la calidad de la composición, y que si pensabas que no era digna de orquestación, me lo dijeras. Me sentiré complacido si marcas las partes difíciles, torpes o imposibles de ejecutar. Todo el asunto es en cuatro movimientos. En cuanto a la Sinfonía n.º 4 en mi menor, Op. 98, es la última compuesta por Brahms. Se originó en las vacaciones de verano que disfrutó el compositor en Mürzzuschlag, en 1884, solo un año después de la finalización de su tercera sinfonía. Fue compuesta específicamente para la Meiningen Court Orchestra, siendo estrenada bajo la dirección del compositor el 25 de octubre de 1885 en Meiningen. Tuvo una acalorada acogida, a pesar de que Brahms tenía sus recelos sobre la buena recepción de la obra, y ha sido alabada desde entonces. Una semana después el director Hans von Bülow acompañó a la Meininger Hofkapelle en una gira por Alemania oriental y Holanda. Está considerada como su obra maestra en lo sinfónico.
Sinopsis:
Christian Thielemann se pone al frente de la Orquesta Estatal de Dresden, de la que es titular desde hace varios años, para interpretar este monográfico Johannes Brahms. Se le une la violinista Lisa Batiashvili en el Concierto para violín Op. 77, completándose el programa con la Obertura del festival académico Op. 80 y especialmente la Sinfonía n.º 4, creación máxima en el catálogo sinfónico del autor germano.