Uno de los grandes oratorios del siglo XVIII, servido de la mano de uno de los mejores directores en la historia y la excepcional orquesta vienesa.
Die Jahreszeiten [Las Estaciones] Hob. XXI:3 es el segundo gran oratorio de Franz Joseph Haydn (1732-1809), compuesto entre 1799 y 1801, dentro del último y gran período de madurez del genial compositor austríaco. Supone junto a Schöpfungsmesse Hob. XXII:13 y Harmonienmesse Hob. XXII:14 las últimas obras de gran envergadura de su autor. Tras su doble estancia en Inglaterra, donde fue galardonado con el título de Honoris Causa por la Universidad de Oxford, Haydn es considerado por sus compatriotas vieneses como el compositor vivo más importante. Durante esta época es también liberado de sus obligaciones en Esterházy. Por esta razón puede dedicar su tiempo a encargos privados. Impresionado por la cantidad de público que atraían los oratorios de Händel en Londres, siente el deseo de componer obras de este género. Aborda entonces la composición de La Creación entre 1796 y 1798, con la que obtiene un éxito rotundo.
El Barón Gottfried van Swieten, traductor y libretista de esta pieza, propone a Haydn trabajar sobre el poema Les Saisons, de James Thomson. En un principio, a Haydn no le convence la idea de no trabajar sobre un texto religioso, como es habitual en los oratorios clásicos, pero al final se deja convencer. La composición durará dos años en difíciles condiciones, tanto por los roces con las indicaciones de von Swieten como por la debilidad que le iban causando sus enfermedades. Haydn comenzó a trabajar, pues, en este segundo gran oratorio, contando de nuevo con la colaboración en el libreto del Barón van Swieten, al que una vez más tuvo que aguantar su vanidad y las permanentes instrucciones de cómo debía ser la música. Desde el inicio, el oratorio levantó notables críticas debido a sus excesivas descripciones en la partitura, elemento al que van Swieten era muy aficionado. Quizá por ello, Haydn cargó el peso de la culpa a este. A pesar de sus permanentes discusiones y de permanecer un tiempo sin dirigirse la palabra, la obra terminó siendo un éxito total en su estreno el 24 de abril de 1801, causando una profunda impresión en público y crítica, como así se pudo comprobar en los años siguientes. Surgieron algunas críticas con respecto al texto, pero el planteamiento de Haydn fue unánimemente alabado. Hoy día, disfrutando de la perspectiva histórica que da el tiempo, sería difícil escoger entre Las estaciones y La Creación como el mejor ejemplo en el ámbito del oratorio. Sea como fuere, el compositor austríaco se alza aquí como un espléndido creador en el género del oratorio, completando así un catálogo compositivo descomunal, que ahonda en su genio y lo aleja del campo sinfónico, al que muchos le adscriben únicamente.
Van Swieten había sembrado su texto de indicaciones para el compositor con detalles descriptivos e imitaciones de sonidos de animales. El pasaje del croado de la rana es célebre por las tensiones que incitó entre ambos. Swieten se basó en una antigua partitura de Grétry para convencer a un Haydn reticente del interés de la imitación, refiriéndose a ella como porquería afrancesada. La manera en que la música responde a las imágenes no es menos notable: chalumeaux –antecesor del clarinete– para los pastores, bordones de gaitas, crepitar de grillos, cantos de pájaros y hasta una imponente tormenta, anticipándose al propio Beethoven en la Sinfonía Pastoral. A pesar de todo, Haydn luchó para imponer algunas de sus ideas, incluida la reutilización del tema del andante de su Sinfonía n.º 94.
Sinopsis:
El extraordinario Festival de Salzburg les invita a disfrutar de una de las más excelsas obras vocales de Franz Joseph Haydn, Las estaciones. Llega en esta versión de referencia, con las voces de Dorothea Röschamann, Michael Schade y Florian Boesch, así como el Coro de la Sociedad de Conciertos de la Ópera Estatal de Viena y la Orquesta Filarmónica de Viena, todos bajo la dirección del inigualable Nikolaus Harnoncourt.