Una de las grandes colecciones sacras del genial compositor cremonés, en una magnífica interpretación ofrecida desde la catedral de San Esteban de Viena.

Claudio Monteverdi (1567-1643), de quien este 2017 se celebran los 450 años de su nacimiento, es a todas luces una de las figuras más transcendentales en la historia de la música. En él se personaliza, casi como en ningún otro, el paso de la estética renacentista a la barroca, tanto en el ámbito de la música profana como de la sacra. Desarrolló su carrera en torno a tres ciudades fundamentales: su Cremona natal, la Mantova que le vio desarrollarse, y la Venezia que acogió al compositor ya establecido, catapultándolo a la fama. Creador de la primera gran ópera de la historia [L’Orfeo, 1607], así como de otras dos óperas que han pasado a considerarse como ejemplos fascinantes del género, fue en el terreno del madrigal donde fue capaz de mostrar toda la evolución desde el madrigal puramente renacentista hasta el mejor ejemplo de madrigal barroco, del que fue, además, el máximo exponente. En la música sacra supo transitar por los géneros habituales, heredados de la tradición polifónica del XVI, para elevarlos a su máxima exigencia técnica y expresiva, como se demuestra en sus dos grandes colecciones religiosas: Vespro della beata Vergine y Selva morale e spirituale.

 Tan solo dos años –o tres, pues si bien la fecha de la edición original es una, la dedicatoria que aparece en la misma es del año siguiente– después de la publicación de su Ottavo Libro de Madrigali, que supone el culmen de su carrera como madrigalista, aparece publicada su Selva morale e spirituale [Venezia, Bartolomeo Magni, 1640/1641]. Se trata sin duda de su colección sacra más ambiciosa, rebosante de genialidad en la impresionante cifra de sus cuarenta piezas. Si bien su calidad es excepcional, no ha encontrado el predicamento ni la atención de su Vespro della Beata Vergine. Dice Fabbri, el gran especialista monteverdiano, al respecto: Al igual que el Octavo libro provoca admiración como un notable clímax de la carrera de Monteverdi como madrigalista, la Selva morale e spirituale es una digna corona a su continua exploración de la invención y la experimentación de extremos expresivos dentro del ámbito de la música sacra. Monteverdi debió haberla ido preparando aproximadamente al mismo tiempo que el libro octavo, y representa su mayor colección sacra, un compendio de casi treinta años de experiencia como maestro de capilla de la iglesia.

 Si su Octavo Libro es un dechado de variedad en todo los sentidos, su Selva morale e spirituale lo es aún más, pero en el ámbito sacro. La colección puede dividirse de manera clara en cinco secciones: I. cinco obras adscribibles al madrigal espiritual [n.º 1-5]; II. una Messa a 4 da capella con cuatro musicalizaciones extras de algunas de sus partes [ 6-10]; III. una notable serie de salmos [12-25]; IV. himnos [26-32]; V. música para uso en festividades marianas [33-39]. Quedaría suelta el último número, su contrafactum del Lamento d’Arianna, titulado aquí Iam morir mi fili. La variedad en la concepción de la instrumentación y las voces –que detalla de manera fantástica en la tavola inicial– es absolutamente fascinante, todo un ejemplo de su capacidad creadora.

Sinopsis:

La Selva morale e spirituale es el resumen de todos los años de carrera de Claudio Monteverdi en su estrecha relación con la música sacra. Les invitamos a disfrutar de una selección de tan magna colección, en las voces solistas de Soetkin Elbers, Theresa Dlouhy, Jakob Huppmann, Markus Forster, Tore Tom Denys, Markus Miesenberger, Joel Frederiksen, Gerd Kenda, junto con el concurso instrumental del Vienna Bach Consrt y la dirección de Rubén Drubovsky.