Uno de los pianistas más legendarios del siglo XX acompañado por una orquesta de lujo, interpretando dos magnas obras del gran Johannes Brahms.

Maurizio Pollini (1942), pianista italiano, es uno de los grandes representantes del instrumento en la segunda mitad del siglo XX, y aún en la actualidad. Su agilidad, virtuosismo y su gusto por el repertorio más complejo se desarrollaron en él temprano, durante sus estudios con Carlo Lonati y Carlo Vidusso. Como estudiante que obtuvo el segundo premio en el Concurso Internacional de Ginebra 1957, y su graduación en el Conservatorio de Milán en 1959, le siguió la victoria en el Concurso Ettore Pozzoli ese año, y ya en 1960 en el Concurso Chopin de Warszawa. A estas alturas ya se había ganado la reputación de perfeccionista problemático, para retirarse después de la escena internacional para consolidar su técnica y repertorio. A su regreso en 1968, el impacto que causó fue sensacional. Firmó un contrato con Deutsche Grammophon y en la década siguiente realizó una serie de grabaciones de diversos compositores, que se encuentran entre lo mejor de la fonografía. Sus interpretaciones se caracterizan por una combinación de claridad, el poder y la lucidez intelectual, lo que sugiere su admiración por Michelangeli.
En este programa recital destaca la figura de Johannes Brahms (1833–1897), uno de los grandes maestros de la historia de la música alemana y uno de los referentes a nivel occidental dentro del Romanticismo. Sucesor de Ludwig Van Beethoven y Franz Schubert en las formas más compositivas de mayor formato, además de en la música de cámara y las composiciones orquestales; pero también del propio Schubert y Robert Schumann en las formas musicales en miniatura, como las piezas para piano y las canciones. Hay en su música coral un verdadero puente tendido entre los polifonistas del Renacimiento y el Barroco y la creación coral del siglo XIX. Las obras de Brahms sintetizan las prácticas de tres siglos con el color del folklore y el lenguaje de la música culta de mediados y finales del siglo XIX. Su obra, de pasión controlada, es considerada reaccionaria y epigonal por algunos, así como progresiva por otros, llegando a ser muy valorada y respetada en vida del autor, y reverenciada como una absoluta genialidad por el público, la crítica y los intérpretes de la actualidad.
De él se interpretan dos de sus grandes obras, en primer lugar su Concierto para piano n.º 2, comenzado a componer en la primavera de 1878 y terminado en el verano de 1881. El compositor mismo actuó como solista en el estreno, bajo la dirección de Hans von Bülow en Zurich, el 27 de noviembre de 1881. La obra merece ser escuchada por lo que es, un gran concierto romántico para piano y orquesta. No es un concierto clásico, ni una sinfonía con piano. Brahms lo consideró con su habitual autodesaprobación: Quiero decirle que he compuesto un muy pequeño concierto con un muy pequeño scherzo. Está escrito en la tonalidad de Si bemol mayor y me temo que he exigido mucho y demasiado frecuentemente de esta ubre, que en muchas ocasiones ha dado tan excelente leche. Dicho muy pequeño concierto es una de los obras para piano más extensa de la literatura musical europea, elaborando ese muy pequeño scherzo como un movimiento completamente desarrollado entre los movimientos primero y tercero, siendo atípico por su número de movimientos y su situación. Por su parte, la Sinfonía n.º 2 se inició en junio de 1877, siendo terminada en el siguiente otoño y estrenada el 30 de diciembre de 1877 por la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por Hans Richter. Después de años de lucha para componer la Primera Sinfonía, Brahms descubrió que era mucho más fácil componer la Segunda. Trabajaba mejor lejos de la ciudad, y así la escribió en pocos meses, en una pequeña ciudad a orillas del lago de Wörth. La Segunda es una obra de arte de construcción compacta e inventiva rítmica y presenta interesantes paralelismos con la obra de Beethoven.
Sinopsis:
No siempre se puede disfrutar de uno de los mejores pianistas del último siglo interpretando otro de los grandes conciertos para piano en la historia. Maurizio Pollini se une a Orquesta Estatal de Dresden y Christian Thielemann para ofrecerle su magnífica interpretación del Concierto para piano n.º 2 y la Segunda Sinfonía, ambas de Johannes Brahms.