Una de las grandes obras del repertorio operístico francés, en este especial dedicado al magnífico compositor galo.

Los pescadores de perlas [Les Pêcheurs de Perles], ópera en tres actos con música de Georges Bizet (1838-1875) y libreto en francés de Eugène Cormon y Michel Carré. Fue estrenada el 30 de septiembre de 1863 en el Théâtre Lyrique du Châtelet, de Paris, ofreciéndose 18 representaciones, respetables para una obra de debut. Aunque carece de la fama de Carmen, es su ópera más exitosa tras la célebre historia de la cigarrera sevillana. Su fama y éxito posterior se debe en gran parte a su orquestación colorista y exótica, y por su gran dúo de amistad, Au fond du temple saint, uno de los más famosos en toda la ópera, así como el aria Je crois entendre encore, que en su traducción al italiano [Mi par d'udire ancor] se convirtió en caballo de batalla de los más grandes tenores líricoligeros del pasado siglo. Aun con ello, no obtuvo un buen recibimiento en su estreno, pero con el tiempo se fue convirtiendo en una de las óperas más habituales en el repertorio escénico lírico francés.
El amor de Bizet por los temas exóticos y su capacidad para manejarlos se reconocen con claridad en esta ópera. Lamentablemente, se encontró con un libreto muy débil que, aunque no le impidió incluir en la partitura algunas partes brillantes –especialmente las ya mencionadas–, fue un obstáculo para la difusión de esta obra. El argumento trata de la rivalidad de dos nombres por el favor de la bella sacerdotisa Leila, a la que han conocido en un templo de Brahma, en el Lejano Oriente. Para no poner en juego su amistad, Zurga y Nadir han regresado a su patria europea. Pero cuando emprenden un viaje a Ceilán – donde transcurre la ópera– vuelven a ver a Leila; ésta ha hecho entre tanto un voto de castidad para poder estar a la altura de su misión, que consiste en ahuyentar a los demonios marinos que causan graves perjuicios a los pescadores de perlas. Sin embargo, su pasión y la de Nadir son demasiado grandes. Su amor es descubierto, y Zurga, elegido rey de los pescadores, lucha consigo mismo: por último vence su magnanimidad y decide ayudar a escapar a Nadir y a Leila. Pero el destino decide las cosas de otro modo; una marea lo destruye todo. El pueblo encuentra el cadáver de Nadir en la arrasada aldea y exige la muerte de Leila. La sacerdotisa sube a las rocas y se arroja al mar. El libreto se lo presentó a Bizet el director del Théátre Lyrique y respondía al gusto por el exotismo, que en esa época estaba muy arraigado. El fundador de esta tendencia fue Félicien David (1810-1876), un orientalista y músico poco conocido en la actualidad, cuya obra sinfónica Le désert promovió, con su descripción del desierto y las llamadas del muecín y sus imitaciones sonoras muy sencillas, la pasión por la música de corte exótica. El interés existía desde hacía mucho tiempo; en cierto modo, El rapto en el serrallo de Mozart corresponde a esa tendencia, así como el Oberon de Weber, incluso algunas obras de Gluck y Grétry se pueden considerar como precursoras. Los pescadores de perlas no tuvo mucho éxito el 30 de septiembre de 1863, a pesar de su ambiente exótico. Solamente Berlioz reconoció que había allí una cantidad considerable de piezas musicales bellas y expresivas, llenas de vigor y de rico colorido. Los grandes cantantes se hicieron cargo de los papeles principales en fecha posterior; la interpretación por parte de Caruso del rol de Nadir es hasta hoy inolvidable.
Sinopsis:
Siéntense a disfrutar de Los pescadores de perlas, una de las grandes obras escénicas de Georges Bizet, que llega aquí en las voces de Patrizia Ciofi, Dmitry Korchak, Dario Solari, Roberto Tagliavini, además de la Orquesta, Coro y Ballet del Teatro di San Carlo de Napoli, todos ellos bajo la dirección musical de Gabriele Ferro y la escénica de Fabio Sparvoli.