Uno de los grandes oratorios del compositor alemán, en magnífica versión desde el Festival de Saint-Denis.

Para León Plantinga –célebre estudioso de la música en el Romanticismo–, en Alemania los oratorios de Felix Mendelssohn han sido considerados siempre como los más destacados y representativos de un género en declive pero resistente al paso del tiempo. Felix Mendelssohn estaba peculiarmente dotado –gracias a las circunstancias de su entorno cultural, la cualidad de su genio y los grandes contactos que entabló con la vida artística europea– para continuar la tradición del oratorio.
El oratorio Elijah [Elías], compuesto pata el Birmingham Festival de 1846, es para muchos uno de los tres grandes representantes de este género a lo largo de la historia – para el estudio Finney junto al Messiah de Georg Friedrich Händel y Die Schöpfung de Franz Joseph Haydn; algo muy discutible, pues deja fuera muchos de los grandes oratorios de la historia, entre ellos alguno de los de Bach–. La atracción que produjo por igual entre cantores y público fue inmediata y su mantuvo casi hasta el final del siglo XX, además de que algunos de sus movimientos forman parte del repertorio religioso perenne. Mendelssohn poseía una reserva, en apariencia inagotable, de melodías que saben ganarse al público, las cuales suelen ser muy agradables para los cantores. La obra está compuesta para soprano, alto, tenor y barítono/bajo [Elijah], coro mixto –normalmente a cuatro partes, pero ocasionalmente a ocho– y femenino –con escritura a tres–, orquesta sinfónica al uso, con trombones, ofliceido y órgano. Toda la obra es dramática, pasando de un episodio a otro sin ninguna interrupción. Su atmósfera religiosa se ve realzada por pasajes que tienen el estilo y el ambiente de los chorales luteranos. Su primer gran clímax es una gran tormenta en la cual el coro se ve inmerso en truenos, la lluvia y el viento descritos por la orquesta. Mendelssohn utiliza aquí chorales para marcar las divisiones estructurales y brindar comentarios, como Bach había hecho en sus pasiones; empleó una amplia variedad de estilos y texturas para los movimientos corales, como Händel había hecho en su oratorios, y utilizó motivos unificadores y vínculos entre los movimientos para integrar la obra en un todo cohesionado, siguiendo la práctica de su propia época. De este modo, enraizó sus oratorios en la tradición barroca, pero fue capaz de crear algo nuevo y actualizado.
Felix Mendelssohn-Bartholdy (1809-1847), compositor alemán, es uno de los prodigios más dotados y versátiles de su tiempo, situándose en la vanguardia de la música alemana durante los años 1830 y 1840 como director de orquesta, pianista, organista y, sobre todo, compositor. Su estilo musical, completamente desarrollado antes de cumplir los veinte años, se basó en una variedad de influencias, incluyendo el complejo contrapunto cromático de Johann Sebastian Bach, la claridad formal y gracia de Wolfgang Amadeus Mozart y la fuerza dramática de Ludwig van Beethoven y Carl Maria von Weber. El resurgimiento de Mendelssohn en el primer rango de los compositores alemanes del siglo XIX coincidió con los esfuerzos de los historiógrafos musicales por desarrollar el concepto de una dialéctica clásico-romántica en la música de los siglos XVIII y XIX. En gran medida, su música refleja una tensión fundamental entre el Clasicismo y el Romanticismo en la generación de compositores alemanes después de Beethoven, que supo llevar a cabo en mucho de los grandes géneros del momento, especialmente en la música puramente instrumental, además de en el tratamiento vocal, sobremanera en la escritura coral.
Sinopsis:
El oratorio encuentra en Felix Mendelssohn a uno de sus grandes valedores en pleno siglo XIX. Elías es sin ninguna duda uno de sus grandes creaciones en el género. Disfruten esta magna obra desde la Basílica de Saint-Denis, en las voces solistas de Lucy Crowe, Christianne Stotijn, Reiner Trost, Michael Nagy, junto al Coro de Radio Francia y la Orquesta Nacional de Francia, con la dirección de Daniele Gatti.