Una de las grandes obras sacras del siglo XIX, en un espectáculo dedicado por el Festival de Saint-Denis a la memoria del gran Colin Davis.

La composición de La infancia de Cristo se dilató bastante en el tiempo y en la carrera de Hector Berlioz (1803-1869), pues en realidad se compuso en dos fases. En 1850 vieron la luz el coro de la Despedida de los pastores y el Descanso de la Sagrada Familia, dos delicadas y breves piezas que terminarían siendo el núcleo central del futuro trabajo. La primera interpretación de la Despedida de los pastores tiene lugar en la Sala Santa Cecilia de París el 12 de noviembre de ese año, bajo la dirección del propio compositor y ya famoso director internacional. El Descanso de la Sagrada Familia se estrena el 3 de mayo de 1853 en Londres. La unión de ambas piezas ve la luz en Leipzig el 1 de diciembre de 1853. Parece probado que la excelente acogida de las dos piezas, denominadas ya La huida a Egipto, animó definitivamente al autor a convertir estos nueve minutos en conmovedor estilo arcaico en un vasto poema sacro de noventa minutos que se estrena un año después del concierto de Leipzig: 10 de diciembre de 1854 en la Sala Herz de París. Esta obra ha provocado numerosas interpretaciones. Resulta chocante que un compositor e intelectual secular y casi hijo de la Revolución Francesa se inclinara sobre un tema tan sensible al ámbito cristiano. Como tantos momentos en la vida de Berlioz, era una nueva manera de no dejar indiferente ni satisfecho a nadie. Los católicos podían ver demasiada mundanidad en el tratamiento del tema y los librepensadores sonreían ante una obra que parecía recuperar la atmósfera de los autos navideños populares de la antigüedad. No obstante, parece que la música ha puesto siempre de acuerdo a todos, ya que la acogida de esta obra siempre ha sido excelente, incluidas las interpretaciones que el propio Berlioz ofreció él mismo en sus giras como director. Con el paso de los años, esta obra se ha despojado de cualquier sombra de perplejidad para ser reclamada como un monumento sinfónico-coral en la cima de los que produjo el siglo XIX.

 La infancia de Cristo se compone de tres episodios: El sueño de Herodes, La huida a Egipto y La llegada a Sais. El texto de la obra fue escrito por el propio Berlioz a partir de una documentación previa en los Evangelios. El tono que adopta Berlioz es el de una humanización de los personajes y el de mostrar esencialmente el drama humano de la peripecia. La orquesta, a diferencia de otras de sus obras, es ajustada, casi beethoveniana, aunque con un poco más de peso en el metal y el añadido necesario del órgano y el arpa. En la orquesta de Berlioz acapara un protagonismo destacado la madera, escrita a dos. Para lo que vendría después es casi austero, pero consigue sacar un provecho máximo de ella. Esta escritura no va, por supuesto, en detrimento de las otras familias instrumentales, además de ayudar a diversificar admirablemente los climas sonoros de una obra tan larga.

 En cuanto al capítulo de voces, Berlioz concibe la obra para siete personajes. En la primera parte, los militares de Herodes, Polidoro y el centurión tienen un papel reducido y se ha hecho costumbre que lo canten miembros del coro. En cuanto al bajo, también es norma que haga doble papel y cante a Herodes en la primera parte y al padre de familia ismaelita en la tercera parte. Quedan, pues, cuatro voces en tesituras bastante habituales en obras sinfónico-corales: el narrador [tenor], María [mezzosoprano], José [barítono] y el ya citado bajo en la doble función de Herodes y Padre de Familia. En cuanto al coro, se diversifica bien en sus papeles amén de los tutti, voces graves de hombres para los judíos, voces agudas para los ángeles, y si se cuenta con un coro de voces blancas aún mejor. En suma, una planificación que ofrece extraordinarios resultados sin exigir esfuerzos que vayan más allá de los de cualquier oratorio romántico.

Sinopsis:

Hector Berlioz es uno de los grandes autores franceses del siglo XIX, y lo es por obras como La infancia de Cristo Op. 25, un drama sacro excepcional que llega aquí desde el Festival de Saint– Denis y en interpretación de Stéphanie d’Oustrac, Stéphane Degout, François Lis, Jeremy Ovenden, Nahuel di Pierro, el Coro de Radio Francia y la Orquesta Nacional de Francia, bajo la dirección de James Conlon.