Una unión aparentemente inconcebible, que sin embargo se muestra asombrosa de la mano de la orquesta francesa y de dos solistas magníficos.

img1


El compositor francés Maurice Ravel (1875-1937) es, junto a Claude Debussy –con quien se le suele relacionar habitualmente–, el gran representante de la moderna escuela musical francesa y uno de los padres del llamado impresionismo musical parisino. Conocido universalmente por el Bolero, su catálogo –si bien no resulta extremadamente extenso– incluye una serie de obras, algunas de ellas todavía poco conocidas, que muestran a un autor complejo, casi misterioso, que evitaba cualquier tipo de confesión en su música. Ravel concebía su arte como un elegante y poderoso artificio, un recinto mágico que se alejara de la cruda realidad y las preocupaciones de tipo cotidiano. Igor Stravinsky dijo de él que se trataba del «más perfecto relojero de todos los compositores». Quizá esta sea la mejor manera de comprender su música, como la obra de un artesano obsesionado por la perfección formal y técnica de su creación. Se ofrece aquí su obra Tzigane, una composición rapsódica escrita en 1924 por encargo de la violinista húngara Jelly d´Aranyi, sobrina nieta del gran violinista Joseph Joachim. La obra captura el espíritu de la improvisación gitana, en su instrumentación original para violín con acompañamiento de piano luthéal –instrumento de teclado que posee controles especiales para alterar el color de las notas–. Las improvisaciones de Aranyi fueron añadidas más tarde por el propio compositor para completar la obra, que fue estrenada, por la propia Aranyi, el 26 de abril de 1924 en Londres, con Henri Gil-Marchez al luthéal. Aquí se interpreta en una orquestación realizada por Mikołaj Majkusiak.

Astor Piazzolla (1921-1992) es una de las grandes figuras en las historia de la música argentina. Especialmente suyo es el mérito de haber sabido conjugar el tango de manera tan brillante y fluida con otros géneros de la música clásica, del tal forma que resulta difícil diluir la línea que separa uno de otros, no tanto en forma y estructura, sino en carácter, instrumentación y aceptación por parte del público. Nadie como él supo aportar calidad intramusical y elevar al género a algo más que una producción popular de las calles y barrios de la Argentina de principios del siglo XX. Gracias a Piazzolla el tango se acercó como nunca antes –ni después– a la producción musical culta de manera tan estrecha, llegando a darse la mano en más de una ocasión, sabiendo conjugar a la perfección la escritura musical más refinada con la permanencia de la esencia del género. Autor de más de 750 piezas, su obra consigue una singularidad creadora e insoslayablemente argentina, que muestra influencias sobre los algunos de los mejores músicos del mundo en diversos géneros. Su escritura se caracteriza por su potencia estética; no se parece a ninguna otra. Cuando se escucha a Piazzolla irremediablemente se reflexiona y cuestionan los límites intergéneros.

Su Grand Tango fue compuesto en 1982, en su instrumentación original para violonchelo y piano, y con la dedicatoria al violonchelista ruso Mstislav Rostropóvich, En ella expresa el espíritu del nuevo tango, una fusión de ritmos tradicionales del tango y la síncopa inspirada en el jazz. Posteriormente fue publicada en Francia, de ahí que tomara el término galo en lugar del español de su Argentina natal. Piazzolla concibe el tango en muchas de sus obras como una mezcla del contrapunto y las voces polifónicas a las que añade elementos musicales de vanguardia, tales como armonías audaces o nuevas formas de tocar los instrumentos. Aquí se interpreta en una versión para violonchelo con acompañamiento de orquesta de cuerda.

Sinopsis:

La Orquesta de Cámara Nouvelle Europe, dirigida por su fundador Nicolas Krauze, nos trae como siempre un repertorio interesante y de amplio espectro. Le invitamos a paladear esta velada que incluye obras de compositores bien diferentes pero que encajan de forma fantástica: Maurice Ravel y su Tzigane; junto al Grand Tango de Astor Piazzolla. Están protagonizadas por dos solistas de gran nivel, como son Kristi Gjezi y Henri Demarquette.