Dos de los más fascinantes conciertos del compositor veneciano, interpretados por seis excepcionales solistas a los que acompañan el ensemble francés.

Antonio Vivaldi (1678-1741) fue un compositor y violinista italiano, cuya abundante obra concertística ejerció una influencia determinante en la evolución histórica que llevó al afianzamiento del género concertante, así como de otros géneros puramente instrumentales, como la sonata o la sinfonía. Autor ciertamente prolífico, la producción vivaldiana no se relaciona únicamente con la música instrumental, sino que destacó sobremanera como operista, firmando algunos de los títulos más brillantes en la Europa de la primera mitad del XVIII, además de como un excepcional compositor de música vocal sacra, de la que practicó prácticamente la totalidad de los géneros más importantes del momento, aplicando en ellos su escritura tan particular y definitoria. Célebre al extremo merced a la composición de Las cuatro estaciones, sus conciertos para violín y orquesta, cuya fama ha eclipsado prácticamente el resto de su obra, Vivaldi es con todo merecimiento uno de los más grandes autores del período Barroco y de la historia de la música occidental.
A pesar de que Igor Stravinsky comentó en cierta ocasión que Vivaldi no había escrito quinientos conciertos, sino «quinientas veces el mismo concierto», la realidad es que Vivaldi es probablemente el autor de conciertos para cuerda más relevante de la historia. El Concierto para dos violonchelos en Sol menor RV 531 parece ser el único y verdadero doble concierto para violonchelos de su autoría, a pesar de que escribió un Concierto en Do mayor para violín, dos violonchelos, cuerdas y bajo continuo, RV561. Fue escrito, con casi toda probabilidad, durante la década de 1720 para el Ospedale della Pietà. Michael Talbot –el mayor experto en Vivaldi de las últimas décadas– le asigna al concierto un significado especial y lo considera: «a destacar entre los cientos que Vivaldi escribió.» El color del instrumento escogido, de los violonchelos por pares y el tono menor le aportan a la obra una interesante y relativamente sombría sonoridad. Los violonchelos anuncian su presencia ya desde el inicio del Allegro de apertura, que también cuenta con un interludio particularmente atractivo en el modo mayor. Los instrumentos solistas veces armonizan entre sí, en otras ocasiones responden unos a otros en imitación canónica. Después de un Largo casi cantabile, de sonoridad casi cavernosa, la obra concluye con un Allegro extrovertido y repleto de esa pasión y furore tan vivaldianos.
Por su parte, el Concierto para cuatro violines, violonchelo y cuerda en Si menor RV 580 forma parte de su colección L’Estro Armonico, publicada como Op. III en 1711. Ocupa el décimo puesto dentro de la colección. Se trata de una de las colecciones más importante de la música instrumental italiana de la primera mitad del siglo XVIII. En ella Vivaldi tomó el estilo del concierto romano propio de Corelli, al que infundió una ligereza, una musculatura y un virtuosismo que determinan la historia del género. Este concierto en Si menor es una obra en tres movimientos para cuatro violines solistas, además de ripieno orquestal de violines, violas, violonchelo y bajo continuo. El Allegro inicial, al igual que todos los otros trabajos de la colección, se alterna entre el bajo continuo y el ripieno, pero ambos grupos comparten el mismo tema-nota repetida de propulsión y conducción del movimiento hacia su potente cadencia final. En el Larghetto e spiccato central, grandes acordes y notas con puntillo para el ripieno se alternan con arpegios imitativos para los solistas, seguidos de un episodio central escalofriante que parece predecir el movimiento central cubierto de nieve del Invierno sus Cuatro estaciones. El Allegro final presenta un tema en compás ternario casi de danza, para el ripieno, que se alterna con episodios brillantes para los cuatro solistas.
Sinopsis:
Antonio Vivaldi fue uno de los máximos desarrolladores del concierto solista en la Italia de la primera mitad del XVIII. Descubran algunas de sus cualidades y la belleza de su música de la mano de los cuatro excepcionales violinistas que son Vinh Pham, Kristi Gjezi, Eléonore Darmon y George Tudorache, además de los violonchelistas Henri Demarquette y Claire-Lise Démettre. Están sustentados por la Orquesta de Cámara Nouvelle Europe, que como siempre dirige Nicolas Krauze.