Final del viaje: décima sinfonía, inacabada, de Mahler, en la legendaria versión de este inigualable tándem musical.

Para Gustav Mahler (1860-1911) la composición de una sinfonía podía asemejarse a un acto de creación del universo. En estas sinfonías se muestra todo su mundo interior y psicológico. Hay en ellas influencias evidentes de los grandes sinfonistas del XIX, empezando por Beethoven y pasando por Brahms o Bruckner, con elementos hasta del propio Wagner. De esta manera, al igual que algunos de estos autores, Mahler utilizó elementos y recursos orquestales que anticipaban ya el siglo XX, en una permanente búsqueda de la tímbrica particular de cada instrumento y sección, incluso introduciendo el uso de instrumentos poco convencionales. El elemento coral –que introdujera Beethoven– no es ajeno en su producción. Una de sus características más acusadas es la escritura contrapuntística, pues concebía la orquestación como un recurso para conseguir la mayor inteligibilidad posible de las líneas. La lucha titánica entre su optimismo y zozobra vital, a partes iguales, está expresada de la forma más compleja y expresiva de cuantas se recuerdan durante el siglo XIX. Su monumentalidad convierte, no solo a cada obra por separado –que también–, sino a su corpus sinfónico al completo, en la más brillante grandiosidad y elocuencia introspectiva de la que el ser humano es capaz.
La muerte sorprendería a Mahler en pleno trabajo de composición de la Sinfonía n.º 10, por lo que de ella únicamente ha quedado completo el primero de los movimientos, su magnífico Adagio. No obstante, la estructura general de la obra también quedó planteada, e incluso esbozados algunos de los restantes movimientos. Mahler había planteado que su Décima constara de cinco movimientos: Andante-Adagio, Scherzo I, Purgatorio (Allegretto moderato), Scherzo II y Finale. Tras la muerte de Mahler, Alma entregó a Bruno Walter los manuscritos de la Sinfonía n.º 9 y La canción de la tierra para su estreno. Sin embargo, no hizo igual con los esbozos de la inacabada Décima, que Walter le aconsejaba destruir. Tras muchas dudas, en 1924 Alma publicó el facsímil del Adagio, único movimiento completado, y solicitó a su yerno, Ernst Krenek, que estudiase si era viable terminar la sinfonía. Krenek arregló el Adagio y el tercer movimiento con ayuda del falsificador de Bruckner, Franz Schalk, además de Otto Jokl y Alexander von Zemlinsky. Más tarde, el editor Richard Specht animó a Alma a buscar a un compositor de la talla de Mahler para que lo intentase de nuevo, y durante varios años se trató de convencer a Shostakovich y a Arnold Schönberg, pero siempre rehusaron la tarea. Las primeras grabaciones del Adagio datan de los años 50 y se basaron en la versión de Krenek y Jokl, pero no convencían a la crítica y el público. Por ello en 1960 la BBC pidió al musicólogo inglés Deryck Cooke que hiciera un estudio sobre ella, para terminar reconstruyéndola finalmente de nuevo.
En este extenso movimiento predominan las armonías cromáticas y un lenguaje que se sitúa muchas veces casi en la atonalidad. El uso de recursos como la inversión de los temas hace que se intuya también la influencia del dodecafonismo. Es un pasaje repleto de belleza y serenidad, en el que encontramos a un Mahler más visionario que nunca, que coquetea con la atonalidad y juega con los timbres, llegando incluso a crear un sorprendente cluster –un curioso efecto sonoro, inventado probablemente por Henry Cowell en 1912, resultante de hacer sonar a la vez un grupo de notas próximas entre sí–. Por momentos el Adagio suena más cercano a Richard Strauss, e incluso a Béla Bartók, que al propio Mahler. Es por ello que algunos estudiosos califican a las reconstrucciones de Cooke y los otros como ineficaces, ya que en ellas los cuatro movimientos suenan excesivamente mahlerianos, mientras que el movimiento original no va ya por los mismos derroteros que sus composiciones previas.
Sinopsis:
Leonard Bernstein dirige por última vez a la magnífica Orquesta Filarmónica de Viena en las sinfonías de Mahler, con esta versión de la Décima que ya ha pasado a formar parte del imaginario fonográfico de los amantes de la gran música. No se pierda este hito en la historia, como nunca antes lo ha visto.