Una de las grandes obras para orquesta de cuerda del brillante autor checo, en la siempre exquisita y refinada versión de la orquesta francesa.

Antonín Dvořák (1841-1904) fue un compositor checo, que aunque hijo de un mesonero y sin un entorno realmente musical, ya desde niño demostró disposición y grandes dotes para la música. Su obra es muy variada: desde la ópera a la música de cámara, pasando por la música sinfónica –ámbito al que dedicó más atención–. Su obra musical no es tan sencilla y bucólica como la de su compatriota Bedřich Smetana, ya que Dvořák posee un lenguaje más moderno, en el que emplea con mayor sofisticación la técnica, además de una orquesta más numerosa. En su orquestación busca la espectacularidad, conseguida a través de contrastes dinámicos y de la experimentación de nuevas combinaciones tímbricas. Algunos de los recursos que emplea son propios de los compositores eslavos, como la utilización frecuente del registro grave del violín y el uso de los instrumentos de metal en pianissimo. Su fluidez y gran espontaneidad melódica proceden en cierta medida de Franz Schubert. En sus obras de juventud imitaba los modelos románticos, especialmente los de Felix Mendelssohn. En la década de los años sesenta se puede apreciar en su música cierta ambigüedad tonal y frecuentes modulaciones hacia ámbitos tonales lejanos. Surgieron así obras de corte camerístico como sus Cuartetos de cuerda en Fa menor Op. 9 (1873) y La menor Op. 16 (1874), además de algunas orquestales como la Sinfonía n.º 2 en Si bemol mayor (1865).
Pero a partir de 1874 se alejó del influjo de compositores como Franz Liszt y Richard Wagner para desarrollar un estilo algo más convencional y clásico. Fue en esa época cuando comenzó a estudiar el folclore de su país, cuyos principales elementos utilizó posteriormente en sus composiciones. Así incluyó en su obra ritmos sincopados de danzas populares como la mazurka, la dumka o la sparcirka y abandonó la práctica de la anacrusa, ya que ésta no existe en el folclore checo. En esta línea de carácter nacionalista surgieron multitud de títulos, como las Tres rapsodias eslavas (1878), el Cuarteto de cuerda en Mi mayor (1879), la ópera Dimitri (1881-1882) y la Sinfonía n.º 6 en Re mayor (1880), cuyo tercer movimiento es una danza popular checa llamada furiant. También corresponden a estos años sus obras maestras Leyendas (1881) para orquesta, la cantata La novia del espectro (1884) y el oratorio Santa Ludmila (1885-1886), que junto con el Requiem (1890) le hicieron convertirse en el padre del oratorio checo.
Buena parte del trabajo más reconocido y reconocible de Antonín Dvořák, como el de sus Danzas Eslavas, es música de una variedad más modesta de lo habitual; sin embargo, esta impresión de inocencia musical, perfectamente encantadora y sin manchas por las luchas de vez en cuando sobreexcitadas del Romanticismo, inevitablemente remueve algo en el interior de los oyentes. Este es ciertamente el caso de la Serenata en Mi mayor para orquesta de cuerda, Op. 22 (1875), que ha sido muy apreciada por aquellos que la conocen con cierta profundidad. En un género muchas veces decepcionante y explorado con mayor frecuencia por los compositores por encargo, a los que les cuesta encontrar su camino creativo, se destaca esta obra como una joya de cinco movimientos de escritura impecable. La Serenata Op. 22, a diferencia del modelo sinfónico habitual en la época, se abre con un primer movimiento que es el más breve de todos. Es seguido por un Menuetto, un Scherzo, un Larghetto, para finalizar con un gran Finale: Allegro vivace. La obra fue escrita en doce días, entre el 3 y 14 de mayo de 1875, siendo estrenada en Praga el 10 de diciembre de 1876, por Adolf Čech y una combinación de orquestas de teatros checos y alemanes. Un año más tarde se publicó el arreglo del propio compositor para dos pianos.
Sinopsis:
La Orquesta de Cámara Nouvelle Europe, que dirige Nicolas Krauze, les invita a deleitarse con una de las obras más fantástica que para esta formación de orquesta de cuerda compusiera el gran compositor Antonín Dvořák. Una oportunidad magnífica de disfrutar de una obra raramente interpretada, con todos los detalles que ofrecen nuestros comentarios exclusivos.