Continúa la integral de las sinfonías del gran autor austríaco, en versión del legendario Leonard Bernstein al frente de nuevo de la excepcional orquesta vienesa.

Gustav Mahler (1860-1911), compositor y director austriaco, escribió obras de gran formato sinfónico y lieder –muchos de ellos con orquesta– y desarrolló una carrera como director de orquesta que se tornó poderosa e innovadora, proporcionando un modelo del idealismo postwagneriano para el teatro musical alemán. Sus composiciones fueron consideradas inicialmente por algunos como excéntricas y por otros como nuevas expresiones del modernismo de la «Nueva Alemania», ampliamente asociada con Richard Strauss. Sólo durante la última década sus obras comienzan a disfrutar del apoyo crítico y el éxito del público que ayudó a asegurar la supervivencia póstuma de su reputación como compositor más allá de los años del nacionalsocialismo en Alemania y Austria. Mahler sufrió el destino de innumerables compositores de origen judío que fueron prohibidos en un momento en que su música era todavía poco conocida y comprendida fuera de los países de habla alemana de Europa. El centenario de su nacimiento en 1960 inspiró el redescubrimiento popular de sus sinfonías, sobre todo en Inglaterra y los EE.UU., donde se hicieron rápidamente con un público joven y entusiasta. La tensión, el compromiso apasionado y el poder a menudo catártico de su música adquirieron una resonancia que se vio incrementada, en un periodo marcado por los movimientos de protesta, por la experimentación crítica y por unas ideas y estilos de vida poco convencionales. Hoy día es visto como una figura histórica que emerge como un mediador entre la tradición musical austro-alemana y los principios de la modernidad del siglo XX.
Su Sinfonía n.º 6 en La menor, conocida con el sobrenombre de Trágica, se compuso entre los años de 1903 y 1904. Continuando la nueva senda tomada por Mahler a partir de la Quinta, se sigue aquí con la renuncia a la voz humana, además de a los programas destinados a facilitar la comprensión de sus composiciones. La Sexta es, por lo demás, la única de sus sinfonías que no presenta un final feliz, por lo que ha recibido dicho sobrenombre. Mahler es para muchos un compositor con claras inclinaciones hacia lo trágico, pero a pesar de ello la mayor de su corpus sinfónico concluye de forma triunfante [así sucede en las sinfonías n.º 1, 2, 3, 5, 7 y 8], dominado por un sentimiento de alegría [n.º 4], tranquila resignación [n.º 9], incluso una calma radiante [n.º 10]. Así pues, la conclusión trágica de esta sinfonía sexta se ha considerado como particularmente inesperada, ya que la obra fue compuesta en una etapa especialmente feliz de la vida de Mahler: se había casado con Alma Schindler en 1902 y durante el transcurso de la composición nació su segunda hija. Precisamente por su complejidad y especialmente por su carácter particularmente severo, rupturista y pesimista, la Sexta no se encuentra entre las sinfonías más populares de Mahler para el gran público. A pesar de ello, es reconocida por muchos como una de sus mejores obras y se la considera como una sinfonía que requiere un gran estudio por parte de los directores e intérpretes. Alban Berg y Anton Webern la elogiaron tras la primera audición; para Berg era «la única Sexta, a pesar de la Pastoral», mientras que Webern se encargó de dirigirla en más de una ocasión.
La obra se estrenó el 27 de mayo de 1906 en Essen, durante el Festival del Allgemeiner deutsche Musikverein, bajo la batuta del propio compositor. La obra fue bien recibida por el público, pero no tuvo éxito entre los críticos. En el mes de noviembre se interpreta en Munich cambiando el orden de los movimientos. En segundo lugar se interpreta el Adagio y luego el Scherzo. Pero en el mes de enero de 1907 Mahler vuelve a restablecer el orden inicial, antes de su estreno en Viena. La última revisión de la obra la efectuó en 1908.
Sinopsis:
Sigan deleitándose con la serie de programas dedicados a la totalidad de las sinfonías de Gustav Mahler. Leonard Bernstein continúa su magistral viaje a través de uno de los hitos más impresionantes del sinfonismo universal, al frente de la ejemplar Orquesta Filarmónica de Viena, con la interpretación de la Sexta, llamada Trágica.