La gran violinista alemana afronta uno de los mayores retos para el instrumento, la integral de los conciertos del genial compositor austríaco.

Sin duda, Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) era considerado en su época como uno de los mejores pianistas de su tiempo. Aun así, sus condiciones como violinista provocaron el mayor asombro posible a los que le escucharon tocando el instrumento. El mismo año de su nacimiento, su padre, Leopold Mozart, acababa de publicar uno de los primeros tratados de la historia para la pedagogía del violín, que ha pasado a la historia como uno de los más trascendentes: Versuch einer gründlinchen Violinschule [Ensayo para un método profundo de violín]. Por tanto, no ha de extrañar que el niño Mozart, dadas sus dotes musicales y el conocimiento profundo del instrumento por parte de su padre, fuese un gran virtuoso y apasionado intérprete del mismo. Leopold llegó a escribir lo siguiente sobre el talento violinístico de su hijo: «Tú mismo no eres consciente de lo bien que tocas el violín» o «si hubiese querido, habría llegado a ser el mejor violinista de Europa».
Tanto los manuscritos originales de los cinco conciertos para violín y orquesta de Mozart [n.º 1 en Sib mayor, KV 207; n.º 2 en Re mayor, KV 211; n.º 3 en Sol Mayor, KV 216, n.º 4 en Re mayor, KV 218; y n.º 5 en La mayor KV 219], así como los fragmentos restantes han sido conservados, para fortuna de todos. Además, se conocen otros tres conciertos más que fueron publicados también como creaciones de Mozart, pero cuya firma autógrafa no figura en ellos, por lo que su autenticidad es muy cuestionable. Estos cinco conciertos autentificados fueron escritos en 1775, cuando el genial autor salzbugués contaba tan solo con 19 años de edad y se encontraba ocupando la plaza de primer violín en la orquesta de la corte del Príncipe-Arzobispo Colloredo. Por tanto, no es descabellado pensar que pudo componer los conciertos para ser interpretados por sí mismo junto a la orquesta. Del mismo modo, es probable que tuviera interés en albergar un buen repertorio de conciertos, ya que tenía en mente realizar un largo viaje que le llevaría por las diferentes cortes de Alemania y Francia, ocupando los puestos de director de orquesta, maestro solista de violín y compositor de corte, especialmente con la mente puesta en liberarse de las limitaciones que encontraba en su ciudad natal y al servicio de una agrupación orquestal a la que detestaba pertenecer, a causa de las exigencias impuestas por el Príncipe-Arzobispo de Salzburgo.
Los conciertos para violín de Mozart fueron compuestos en un tiempo récord. Comparándolos con otras formas instrumentales de su catálogo, especialmente en el género muy cercano de los conciertos para piano, parece obvio que logró de manera tremendamente rápida conseguir un dominio total del género en relación a su desarrollo como compositor de inmenso talento. La influencia posterior de sus conciertos en la música de cámara mozartiana compuesta en Viena es notable, pues en ellos el violín solista aparece siempre asociado de manera indisoluble al conjunto orquestal, formando realmente parte integradora de este. Esta característica integradora fundamental en sus obras de cámara es más evidente aquí que en los conciertos para piano, que se prestan a un virtuosismo fácilmente más destacable. Por otro lado, el estilo mozartiano de sus conciertos para violín mantiene un estrecho vínculo con la forma instrumental designada con el nombre de serenata, compuesta por varios movimientos destinados a ser interpretados al aire libre, en las plazas de la ciudad o en los jardines de Salzburgo. Así parecen haberse concebido estos conciertos. Por otro lado, las serenatas compuestas por Mozart durante su época salzburguesa se caracterizan por el carácter concertante asignado al violín principal, destinando en varias ocasiones verdaderos pasajes cercanos a la escritura del concierto, lo que vincula de nuevo a ambas producciones mozartianas.
Sinopsis:
No siempre es posible disfrutar en concierto, y con la mejor calidad audiovisual imaginable, un corpus tan genial como es el de los cinco conciertos para violín y orquesta compuestos por el gran Wolfgang Amadeus Mozart. La magnífica violinista Anne-Sophie Mutter su une a la Camerata Salzburg para lograr un hito discográfico, que ahora puede disfrutar en una velada imprescindible.