La gran soprano estadounidense se une a la excepcional orquesta vienesa para ofrecer un monográfico Strauss, bajo la batuta del director alemán.

Richard Strauss (1864-1949), compositor y director de orquesta alemán, se erigió, tras la muerte de Richard Wagner y Johannes Brahms, como el compositor alemán vivo más importante. Su ingente carrera artística abarcó casi ocho décadas en las que compuso sobre prácticamente todos los géneros musicales en boga del momento, aunque destacó especialmente gracias a sus poemas sinfónicos –que compuso principalmente durante los últimos años del siglo XIX– y sus óperas –estas ya en las primeras décadas del XX–. Le tocó vivir una época en la que la dualidad entre la burguesía y el artista se había vuelto cada vez más problemática, pero Strauss supo negociar el mundo del arte y la sociedad con una notable combinación de ingenuidad e ironía. Sentía cierta aversión por la metafísica de Wagner y se mostraba indiferente a las intenciones filosóficas de Gustav Mahler en la música, por lo que se preocupó en explotar las paradojas y contradicciones que se podían encontrar en la modernidad. Las nuevas posibilidades que previó para la música se ejemplifican en el eclecticismo de la ópera Der Rosenkavalier, cuya yuxtaposición de lo más puramente contemporáneo con elementos anacrónicos, creados intencionalmente, supone un pluralismo estilístico que presagia la posterior experimentación de finales del siglo XX.
En la primera parte se interpreta un repertorio puramente vocal, con acompañamiento orquestal, a la manera de Strauss más brillante. Se abre con Brefreit, Op. 39/4 [Liberado], un lied para soprano y piano acompañante compuesto por este en 1898 sobre un texto del poeta alemán Richard Dehmel. Forma parte de la colección Fünf Lieder für hohe Singstimme mit Pianofortebegleitung [Cinco canciones para voz aguda y acompañamiento de piano]. Se interpreta aquí el arreglo para soprano y orquesta que el propio Strauss realizó en 1933, que se estrenó en octubre del mismo año con el propio Strauss dirigiendo a la Filarmónica de Berlin. Continúa con Winterliebe, Op. 48/5, el lied que cierra esta colección compuesta en 1900, sobre textos de Otto Julius Bierbaum y Karl Henckell. Winterliebe habla del viaje de un amante a través de un paisaje invernal y cómo el pensamiento de su amada le ayuda a calentarse a lo largo del camino y ver a través de él. Estos cinco lieder son para voz y acompañamiento de piano, pero a excepción de uno de ellos, Strauss también proporcionó acompañamientos orquestales alternativos. Traum durch die Dämmerung [Sueño en el crepúsculo], Op. 29/1, compuesto en 1895, ahora sobre textos amorosos de Bierbaum. La obra formaba parte de una breve colección de tres canciones, que posterioremente se arregló para orquesta. Gesang der Apollopriesterin [Canto de la sacerdotisa de Apolo], Op. 33/2, lied que conforma una de las cuatro piezas de sus Vier Gësange, compuestas en 1896. Se cierra esta parte con una breve escena de Arabella, comedia lírica en tres actos sobre texto de Hugo von Hofmannsthal, estrenada en julio de 1933 en Dresden.
La segunda parte está dedicada por completo a una obra puramente orquestal, su Eine Alpensinfonie [Sinfonía alpina], Op. 64, una obra a medio camino entre la sinfonía y el poema sinfónico para gran orquesta. Es un gran ejemplo de música programática, en el que se sigue un programa narrado por el compositor; en este caso la ascensión a un pico de los Alpes bávaros y el retorno al valle. En él emplea toda la variedad cromática de la orquesta para dibujar los paisajes y además hace un notable uso del leitmotiv. Lo consideraba como su trabajo más perfecto de orquestación. Los primeros esbozos proceden de 1911, pero se terminará el 8 de febrero de 1915. Se estrenó, con la Dresdner Hofkapelle el 28 de octubre de 1915 en Berlín, dirigiéndola el propio compositor.
Sinopsis:
Les invitamos a entrar de lleno, una vez más, en el prestigioso Festival de Salzburg. La magnífica soprano Renée Fleming forma equipo para la ocasión con la que sigue siendo considerada como una de las mejores orquestas del mundo, la Filarmónica de Viena. Dirige el conjunto la sabia batuta de Christian Thielemann, para ofrecer un magnífico programa monográfico dedicado a Richard Strauss.