Una de las obras cumbre en la historia de la música sacra, brindada a través de una interpretación absolutamente magnífica.

Sin duda, uno de los puentes directos entre Johann Sebastian Bach y el siglo XIX lo tenemos en la figura de Johannes Brahms (1833-1897). Si bien no hizo tanto por el redescubrimiento de la obra del Kantor como su compatriota Felix Mendelssohn, sí que se encuentra en Brahms un puente tendido, especialmente en la música coral, con la escritura bachiana. Brahms fue, además, uno de los primeros en recuperar obras vocales del Barroco alemán, como hizo de manera recurrente con la figura de Heinrich Schütz. Esto influyó poderosamente en su manera de concebir la composición coral, lo que se aprecia de manera evidente en algunas de sus grandes obras.
Este Ein Deutsches Requiem [Requiem alemán] Op. 45 es una reflexión introspectiva basada en textos bíblicos, traducidos al alemán, sobre la vida y la muerte, que Brahms comienza a perfilar hacia 1856 –cuando fallece su amigo Robert Schumann– y que terminará a partir de 1865, cuando la muerte de su madre le hace obsesionarse más por estas cuestiones. Ya para el verano de 1866 tendrá completados seis movimientos. La obra se estrenó primeramente de forma parcial en la Catedral de San Pedro de Bremen (abril de 1868), para hacerlo de forma completa en la Gewandhaus de Leipzig en 1869. Brahms concibe la obra en siete movimientos y la prescribe para soprano, barítono, coro, orquesta y órgano, aunque existe una versión que elimina la orquesta y el órgano y se acompaña únicamente de dos pianos, arreglo que parece destinado a facilitar la interpretación de la obra por orfeones y conjuntos corales no profesionales de buena parte de Alemania, pero también de otros países, lo que ayudaría a dar a conocer su nombre en algunos países donde no era todavía no muy apreciado. En 1871 se produce el estreno de la obra en Inglaterra, de la mano de Juluis Stockhausen, amigo de Brahms que además interpretó la parte de barítono solista, que tuvo lugar en la residencia de Sir Henry Thompson.
Brahms sufrió una cierta incomprensión por parte de buena parte del público, pues la composición de un Requiem en el que apenas se menciona de directa a Dios resultaba algo extraño y levantaba suspicacias. No en vano, Brahms designó a la obra como eine Art deutsches Requiem [una especie de Requiem alemán], pues su intención era la de configurar la pieza como una composición de carácter puramente musical, dejando a un lado, por supuesto, su carácter y concepción litúrgica. Brahms eligió para los textos la traducción alemana que de la Biblia realizara Lutero, y la selección de textos efectuada por el compositor fue concebida con el fin de reconfortar a los vivos –aquellos que han perdido algún ser amado–, más que para conmemorar las vidas u orar por las almas de quienes han muerto. En cierta ocasión el mismo Brahms declaró lo siguiente: «admitiré que podría omitir el término alemán y llamarlo simplemente un Requiem por lo Humano o por la Humanidad». Precisamente por su concepción fue llamado por algunos como el Requiem ateo. De cualquier manera, y aunque la obra se aleje de aspectos puramente religiosos, es bien cierto que el logro espiritual que se produce en esta composición es prácticamente un milagro.
Sinopsis:
El Requiem alemán de Johannes Brahms es una de las grandes obras sacras, no solo del siglo XIX, sino de toda la historia de la música occidental. Una pieza que rezuma espiritualidad vista de una visión en cierta manera externa a la religiosidad. Llega aquí en la interpretación de la soprano Christine Schäfer y el barítono Christian Gerhaher, y especialmente del Coro de la Radio de Baviera, acompañados por la Orquesta Filarmónica de Munich, todos ellos bajo la dirección de Christian Thielemann.