Una de las cumbres del sinfonismo universal, en las manos del director estadounidense al frente de un elenco de intérpretes de leyenda.

En la década de 1970, el gran Leonard Bernstein (1918-1990) dirigió en directo la integral de las sinfonías de Gustav Mahler (1860-1911), uno de los compositores con los que guarda una relación más íntima y de quienes es, sin duda, uno de los referentes en la historia de la interpretación. Se abre así este ciclo que le vamos ofreciendo en pequeñas dosis, con sus inmensas interpretaciones al frente de la algunas de las mejores orquestas, coros y artistas del mundo, como la legendaria Filarmónica de Viena, que por aquel entonces vivía auténticos años dorados, en los que se la consideraba como la mejor orquesta del panorama internacional. Bernstein fue un compositor, pianista y director estadounidense, para muchos la más exitosa y célebre figura en la historia de la música clásica en los Estados Unidos. Como compositor, pianista, director y pedagogo, unió como nunca antes el mundo de las salas de conciertos con el del teatro musical, legando un rico universo de grabaciones, composiciones, escritos y enseñanzas a su paso. Músico polifacético donde los haya, su brillantez y su innegable talento le llevaron hacia el triunfo absoluto en todos aquellos campos en lo que se quiso desarrollar, tanto en la llamada música académica como en la comedia musical.
Su Sinfonía n.º 8 en Mi bemol mayor es una de las obras sinfónico-corales de mayor escala del repertorio clásico, pues requiere una enorme cantidad de instrumentistas y cantores, por lo que recurrentemente se la ha denominado como Sinfonía de los mil, aunque la obra a menudo se interpreta con menos de mil intérpretes y el propio Mahler parece no haber aprobado dicho sobrenombre. La pieza fue compuesta en un breve periodo de inspiración durante su estancia en Maiernigg, en el verano de 1906. Fue la última obra que Mahler estrenó en vida, contando con un gran éxito de crítica y público cuando la dirigió en su estreno en Munich el 12 de septiembre de 1910. En aquel estreno se contó ya con un ingente plantel de intérpretes formado por 171 instrumentistas, 8 solistas vocales, un coro de 500 voces adultas, 350 infantiles y un órgano monumental, que dio lugar a un auténtico espectáculo, que tuvo entre los asistentes a figuras de la talla de como Bruno Walter, Arnold Schönberg, Anton Webern y Leopold Stokowski. La obra tuvo un gran éxito y fue de las pocas con una acogida favorable en vida del compositor.
La fusión de la canción y la sinfonía había sido una característica de las primeras obras de Mahler, pero ya en su período catalogado como medio, a partir de 1901, un cambio de rumbo lo llevó a producir tres sinfonías puramente instrumentales. Esta Octava marca el final de este período y en ella regresa a una combinación de orquesta y voz en un contexto sinfónico. La estructura de la obra no es convencional, pues en lugar de seguir la estructura normal en varios movimientos, la obra se divide en dos grandes partes. La primera de ellas se basa en el texto latino Veni Creator Spiritus [Ven, Espíritu Creador], mientras que la segunda es un arreglo de las palabras de la escena final del Fausto de Goethe. Las dos partes se unifican por una idea común, la de la redención a través del poder del amor, lo que se transmite unitariamente mediante temas y motivos comunes. Mahler estaba convencido desde el principio de la importancia de la obra, y al renunciar al pesimismo que había marcado gran parte de su música parece ofrecer la Octava como una expresión de confianza en el eterno espíritu humano.
Sinopsis:
Leonard Bernstein dirige una vez más a la excepcional Orquesta Filarmónica de Viena, para continuar con la integral de sinfonías del genila Gustav Mahler. Para esta Octava se le une un elenco vocal de excepción, formado por Edda Moser, Judith Blegen, Gerti Zeumer, Ingrid Mayr, Agnes Baltsa, Kenneth Riegel, Hermann Prey y José van Dam, al que se unen tres magníficas agrupaciones corales: Coro de la Ópera Estatal de Viena, Coro de la Asociación de Cantantes Vieneses, Niños Cantores de Viena. Completa de manera habitual la estratosférica Filarmónica de Viena.