Cuarto episodio dedicado a las sinfonías de Gustav Mahler, de la mano de Leonard Bernstein dirigiendo a la gran orquesta vienesa.

En la década de 1970, el gran Leonard Bernstein (1918-1990) dirigió en directo la integral de las sinfonías de Gustav Mahler (1860-1911), uno de los compositores con los que guarda una relación más íntima y de quienes es, sin duda, uno de los referentes en la historia de la interpretación. Se abre así este ciclo que le iremos ofreciendo en pequeñas dosis, con sus inmensas interpretaciones al frente de la algunas de las mejores orquestas, coros y artistas del mundo, como la legendaria Filarmónica de Viena, que por aquel entonces vivía auténticos años dorados, en los que se la consideraba como la mejor orquesta del panorama internacional. Bernstein fue un compositor, pianista y director estadounidense, para muchos la más exitosa y célebre figura en la historia de la música clásica en los Estados Unidos. Como compositor, pianista, director y pedagogo, unió como nunca antes el mundo de las salas de conciertos con el del teatro musical, legando un rico universo de grabaciones, composiciones, escritos y enseñanzas a su paso. Músico polifacético donde los haya, su brillantez y su innegable talento le llevaron hacia el triunfo absoluto en todos aquellos campos en lo que se quiso desarrollar, tanto en la llamada música académica como en la comedia musical. Dos de sus incursiones en este último género, On the Town (1944) y especialmente West Side Story (1957), ambas llevadas al cine, supusieron un reconocimiento desorbitado entre el público.
La Sinfonía n.º 4 se conformó a partir de su cuarto y último movimiento, que fue compuesto en 1892, completándola después con los tres movimientos anteriores, datados entre 1899 y 1901. La respuesta al porqué de que este movimiento fuera el generador de toda la sinfonía es simple. Este ya existía en forma de un lied independiente que llevaba por título La vida celestial, pues su texto, tomado de una canción popular bávara, narra de forma ingenua los placeres de la vida celestial: Wir geniessen die himmlischen Freuden [gozamos de las alegrías celestiales]. Asimismo este lied se incluía en el ciclo de lieder Des Knaben Wunderhorn [El cuerno maravilloso del niño]. Pero la obra era tenida en gran estima por su autor, pues inicialmente la incluyó como séptimo y último movimiento en su sinfonía precedente, aunque finalmente prescindió de ella por considerarla demasiado liviana para erigirse como el final de una obra tan monumental y ambiciosa. Tras su descarte, Mahler dejó a un lado la partitura para volver a ellos pasados algunos años, utilizándola como punto de partida –aunque trataba del final– de la que pasaría a ser su cuarta sinfonía. Con ello debió afrontar el reto de componer los tres primeros movimientos en consonancia con la conclusión preexistente. Finalmente, esta cuarta vio la luz, quizá como su sinfonía más modesta y menos compleja.
La obra se estrenó finalmente el 25 de noviembre de 1901 en la ciudad de Munich, con el propio Mahler al frente de la Orquesta Kaim, en un acontecimiento que terminó por resultar un considerable fracaso. La sinfonía representa una excepción en la orquestación de Mahler, ya que no se incluyen trombones –única sinfonía sin ellos– y se hace uso de una orquesta de tamaño reducido, mucho en comparación con sus anteriores obras. Su partitura se erige sobre la lírica y la forma clásica, alejada aún de las composiciones de corte más dramático que le preceden y siguen. Sin embargo, el uso de la armonía y la tonalidad es particularmente curioso. En ese aspecto es la única sinfonía que va de más a menos y que no presenta un claro desarrollo postromántico. Una extraña piedra en el inmenso camino trazado por Mahler en su catálogo sinfónico, que no por ello goza de gran interés.
Sinopsis:
Disfruten de uno de los hitos discográficos más destacadas en la historia de la interpretación audiovisual. Las sinfonías de Gustav Mahler son, sin duda, uno de los ejemplos más asombrosos del sinfonismo en la música occidental. Para la Sinfonía n.º 4, Leonard Bernstein cuenta con la ejemplar Filarmónica de Viena y el concurso de la excelente soprano Edtih Mathis.