Segundo episodio de la serie de sinfonías de Gustav Mahler de la mano de Leonard Bernstein dirigiendo a magníficos artistas y orquestas.

Gustav Mahler (1860-1911), compositor y director austriaco, escribió obras de gran formato sinfónico y desarrolló una carrera como director de orquesta que se tornó poderosa e innovadora, proporcionando un modelo del idealismo postwagneriano para el teatro musical alemán. Sus composiciones fueron consideradas inicialmente por algunos como excéntricas y por otros como nuevas expresiones del modernismo de la «Nueva Alemania». Sólo durante la última década sus obras comienzan a disfrutar del apoyo crítico y el éxito del público que ayudó a asegurar la supervivencia póstuma de su reputación como compositor más allá de los años del nacionalsocialismo en Alemania y Austria. Mahler sufrió el destino de innumerables compositores de origen judío que fueron prohibidos en un momento en que su música era todavía poco conocida y comprendida fuera de los países de habla alemana. El centenario de su nacimiento en 1960 inspiró el redescubrimiento popular de sus sinfonías, sobre todo en Inglaterra y los EE.UU. La tensión, el compromiso apasionado y el poder a menudo catártico de su música adquirieron una resonancia que se vio incrementada, en un periodo marcado por los movimientos de protesta, por la experimentación crítica y por unas ideas y estilos de vida poco convencionales. Hoy día es visto como una figura histórica que emerge como un mediador entre la tradición musical austro-alemana y los principios de la modernidad del siglo XX.
Su Sinfonía n.º 2 en Do menor, conocida como Auferstehung [Resurrección], por utilizar una musicalización de la oda homónima de Friedrich Gottlieb Klopstock, se puede etiquetar dentro de la estética del postromanticismo, en una línea habitual en el catálogo mahleriano, que destaca por su poderosa y grandilocuente orquestación, así como por desarrollos inmensos, a veces casi inabarcables. El punto de mayor importancia es que esta sinfonía sirve para elaborar aún más aspectos que aparecían casi de forma embrionaria en su Sinfonía «Titán», por lo que algunos la consideran como la primera sinfonía real e íntegramente mahleriana, sin la que es imposible concebir la grandiosidad de obras posteriores como las sinfonías n.º 3 y 8, e incluso su célebre La canción de la tierra. Comenzada a componer en 1888, la sinfonía nació como Totenfeier [Ritos fúnebres], un poema sinfónico en un movimiento basado en el drama poético Dziady, del poeta polaco Adam Mickiewicz, que Mahler terminó en 1888. Cuando ya comenzaba a adquirir prestigio como director de orquesta, presentó su obra al Hans von Bülow, que tuvo una reacción sumamente desfavorable y la consideró antimusical. Profundamente desanimado, no obstante no abandonó su obra y posteriormente regresó al movimiento, agregando tres más a finales de 1893 para concluir la sinfonía hoy conocida como segunda. Dejó la obra por un tiempo, sintiendo que necesitaba un final. Este llegó en 1894, Hans von Bülow murió, y en el funeral Mahler oyó una musicalización de la oda Aufersteh'n, lo que supuso una revelación, y decidió terminar su obra con su propia musicalización de dicho poema, al que efectuó algunas modificaciones.
La obra tuvo su estreno mundial –sin el último movimiento– el 4 de marzo de 1895 en Berlín con la Orquesta Filarmónica de Berlín dirigida por el compositor. Estando la obra ya completa volvió a estrenarse, el 13 de diciembre de 1895 en Berlín dirigida por el compositor. La obra final se concibe en cinco gigantescos movimientos y está prescrita para una enorme orquesta, coro mixto, dos solistas [soprano y contralto], órgano, y un conjunto fuera de escena de metales y percusión.
Sinopsis:
Disfruten de uno de los hitos discográficos más destacadas en la historia de la interpretación audiovisual. Las sinfonías de Gustav Mahler son, sin duda, uno de los ejemplos más asombrosos del sinfonismo en la música occidental. Ahora pueden deleitarse con esta increíble versión de la Sinfonía n.º 2, siempre de la mano del gran Leonard Bernstein, que cuenta aquí con Sinfónica de London, el Coro del Festival de Edinburgh y dos solistas de excepción: Sheila Amstrong y Janet Baker.