Inicio de la serie de sinfonías de Gustav Mahler de la mano de Leonard Bernstein dirigiendo a la Filarmónica de Viena.

En la década de 1970, el gran Leonard Bernstein (1918-1990) dirigió en directo la integral de las sinfonías de Gustav Mahler (1860-1911), uno de los compositores con los que guarda una relación más íntima y de quienes es, sin duda, uno de los referentes en la historia de la interpretación. Se abre así este ciclo que le iremos ofreciendo en pequeñas dosis, con sus inmensas interpretaciones al frente de la algunas de las mejores orquestas, coros y artistas del mundo, como la legendaria Filarmónica de Viena, que por aquel entonces vivía auténticos años dorados, en los que se la consideraba como la mejor orquesta del panorama internacional. Bernstein fue un compositor, pianista y director estadounidense, para muchos la más exitosa y célebre figura en la historia de la música clásica en los Estados Unidos. Como compositor, pianista, director y pedagogo, unió como nunca antes el mundo de las salas de conciertos con el del teatro musical, legando un rico universo de grabaciones, composiciones, escritos y enseñanzas a su paso. Músico polifacético donde los haya, su brillantez y su innegable talento le llevaron hacia el triunfo absoluto en todos aquellos campos en lo que se quiso desarrollar, tanto en la llamada música académica como en la comedia musical.
La Sinfonía n.º 1 de Gustav Mahler (1860-1911), intitulada Titan, fue comenzada en el año 1884, sin embargo no como una sinfonía, sino como un poema sinfónico de grandes dimensiones y que adquiere el título de Titan por la novela homónima de Jean Paul, a pesar de que en realidad parece que Mahler no se inspiró en ella para la composición. Mahler utiliza material procedente de su malograda ópera Rübezahl y trabajó sobre ella de forma recurrente y casi obsesiva. Terminada en 1888, la primera versión se estrenó en Budapest en 1889, llevando como nombre Symphonische Dichtung in zwei Teilen, siendo en 1983 cuando la reestrena en Hamburg bajo el nombre de Titan, aunque todavía volvería a trabajar sobre ella y finalmente se estrenará en Berlin (1896) ya sin el sobrenombre y en la forma que nos ha llegado finalmente. La sinfonía quedó finalmente estructurada en cuatro movimientos, que conforman una pieza que requiere una plantilla orquestal de dimensiones enormes: cuerda, arpa, 4 flautas, 2 piccolos, 4 oboes, corno inglés, 5 clarinetes, clarinete bajo, 3 fagotes, contrafagot, 7 trompas, 4 trompetas, 3 trombones, tuba, 5 timbales y percusión. A pesar de todo, Mahler desafía la escritura de su propia escritura grandilocuente, ya que apenas utiliza todos los instrumentos de los que dispone salvo en el último movimiento, quedando los restantes con la cuerda y viento madera como principales protagonistas. Obra de transgresora factura, sufrió un estreno en cierta manera complicado y bastante frío por parte del público y la crítica. Al igual que para muchos de sus colegas directores, la obra era vista como una pieza demasiado moderna y transgresora, especialmente por la concepción burlesca de la marcha fúnebre en el tercer movimiento, además de un último movimiento que se alejaba demasiado de los cánones clásicos a los que se estaba acostumbrados. Sea como fuere, la obra se revela, como sucede en muchas ocasiones, como una obra genial que no es comprendida en su momento, quizá porque se adelantada varios años a lo que está por llegar, denotando así la capacidad creadora de Mahler, que sin duda apoyan la visión actual de que es uno de los compositores más trascendentes de finales del XIX.
Un lujo al alcance de su mano, visto como nunca antes gracias a la calidad HD de nuestras emisiones, además de a los comentarios que aparecen sobreimpresionados en nuestros programas, con los que pueden disfrutar de cada detalle de las obras, compositores e intérpretes mientras disfruta de exquisitas versiones de la mejor música de la historia.
Sinopsis:
Disfruten de uno de los hitos discográficos más destacadas en la historia de la interpretación audiovisual. Las sinfonías de Gustav Mahler son, sin duda, uno de los ejemplos más asombrosos del sinfonismo en la música occidental. Ahora pueden deleitarse con esta versión legendaria de la primera de ellas, firmada por la que en aquellos años era considerada la mejor orquesta del mundo, la Filarmónica de Viena, con la dirección del genial y carismático Leonard Bernstein.