Velada dedicada a la música argentina en formato de cámara, de la mano de dos artistas apasionados por el repertorio.

La música popular ha dejado, a lo largo de la historia, un reguero de influencias notables en la música occidental. La música de corte clásica en Argentina no ha sido una excepción en dicha influencia, como se puede observar de manera muy clara en este recital. Han sido muchos los autores que han tomado temas populares, no estrictamente para usarlos como citas, sino también para inspirarse en ellos sobre sus futuras composiciones. Incluso al referirse a lo popular, no hemos de centrarnos estrictamente en lo musical, sino como concepto general, que de la misma manera se muestra como una poderosa influencia en los diversos autores. La cultura popular, en toda su esencia, se deja ver claramente en muchas de las composiciones de los grandes compositores argentinos del siglo XX, de los que aquí se han escogido algunos casos.
De todos los autores seleccionados hay dos que están, sin duda, por encima en cuanto a la calidad de su catálogo compositivo. Carlos Guastavino (1912-2000), que está representado aquí en un mayor número de piezas, destacó como compositor y pianista en su Argentina natal, aunque su obra ha llegado de manera notable a otros continentes. Su crio en una familia con claras inclinaciones musicales, por lo que la espontaneidad y la intuición musical fueron las primeras experiencias lúdicas de Carlos, quien con apenas con cuatro años de edad, siendo discípulo de la pianista Esperanza Lothringer, debutó en el Teatro Municipal en la interpretación de una pequeña composición para dúo de violín y piano escrita por ella. La música popular rural corría por sus venas de manera natural, sintiéndose impactado especialmente por géneros autóctonos como el cielito y el triste. Ya establecido en Buenos Aires, tras breve paso de pocos meses por el Conservatorio Nacional de Música, continuó sus estudios en privado de la mano del compositor y pedagogo Athos Palma. Con él sistematizó todo su bagaje de conocimientos, en especial en las disciplinas de armonía, morfología y contrapunto. Es Guastavino uno de los pocos exponentes del nacionalismo musical argentino que goza de un reconocimiento internacional. Su vasta obra se reparte en obras para piano, guitarra, música de cámara para diversas formaciones, obras para orquesta, coro a capella o con piano y una enorme cantidad de canciones para voz y acompañamiento. Además es notable la cantidad de arreglos de obras ya existentes para otras formaciones. Una amplia mayoría de su obra vocal, puesto que Guastavino amaba la voz y cantar. El otro gran autor es Alberto Ginastera (1916-1983), compositor argentino de talento precoz, que realizó sus estudios musicales en el Conservatorio Nacional de Buenos Aires bajo la tutela de Athos Palma y José André, y con el tiempo sería nombrado director del Conservatorio de La Plata. Sus primeras composiciones se enmarcan en una estética nacionalista que se inspira en el folclore argentino, pero con elementos rítmicos y tímbricos tomados de la vanguardia. Los ballets Panambí y Estancia son las partituras más representativas de esta etapa inicial. En 1946 se trasladó a Estados Unidos, donde recibió orientaciones de Aaron Copland. Posteriormente su escritura abandonó los ritmos y las melodías de su tierra para integrar técnicas como el dodecafonismo, la aleatoriedad y la microtonalidad. De ambos se interpretan algunas piezas célebres, como Riqueza, El forastero, La tempranera y Viniendo del Chilecito [Guastavino]; Canción al árbol del olvido, Triste y El alba [Ginastera].
Otros autores aparecen representados también en el recital: Abraham Jurasky [Vidala y Vidalita], Carlos López Buchardo [Canción del carretero], Pascual de Rogatis [A ti única], Daniel Devoto [Embelecos y Cinco canciones antiguas de amigo], Juan José Castro [El arroyo] o Julio Perceval [Poema de amor y Triste me voy a los campos]. Algunas son piezas puramente originales, mientras la gran mayoría se inspiran en canciones previas de artistas como Gabriela Mistral, Atahualpa Yupnaqui, Gustavo Luguizamón o Silvina Ocampo, entro otros.
Sinopsis:
El cantante Gustavo Grobocopatel y la pianista Lucía Maranca le ofrecen una velada puramente argentina, en la que degustar algunos de los más «exquisitos manjares» que el folklore popular argentino ha dejado como huella en las composiciones de algunos de los mejores autores del país.